Miguel Gómez Martínez

El papelito

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
agosto 27 de 2014
2014-08-27 03:33 a.m.
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Luego de la euforia poselectoral, los gremios económicos parecen estar cambiando el tono de sus mensajes públicos. Algunos, como los transportadores, se muestran, con razón, preocupados por el deterioro de la seguridad en las vías. Los petroleros no esconden su inquietud por las constantes voladuras de la red de oleoductos.

Los banqueros se quejan por el anuncio de la extensión del impuesto del cuatro por mil, mientras otros sectores muestran su preocupación porque está subiendo demasiado rápido el costo del dinero. Los mineros denuncian el trancón de las licencias ambientales y los industriales están decepcionados por la negativa de crear el ministerio de industria.

Los del sector agropecuario se quejan por la sequía, el contrabando, los costos de los insumos y los problemas de transporte.
Todos andan nerviosos porque la reforma tributaria que se anuncia pinta mal, con un fuerte reajuste de las tarifas, la extensión del impuesto al patrimonio y algunas otras sorpresas desagradables.

Contrasta este discurso con el sólido y dócil respaldo de los gremios a la reelección del actual mandatario. Con contadas excepciones, la mayoría de los representantes del sector productivo y los más connotados empresarios apoyaron la candidatura de Juan Manuel Santos. ¿Cómo es posible que en tan pocas semanas hayan pasado de sentirse triunfadores a estar preocupados? ¿Han cambiado en tan poco tiempo las condiciones económicas como para explicar el nuevo tono de los grandes representantes del sector privado? ¿Hay un cambio radical entre Santos I y Santos II que pudiese explicar esta nueva actitud gremial?

El Gobierno, para alegría de unos y tristeza de otros, ha ofrecido continuidad después del pasado 7 de agosto. Son las mismas líneas de acción y un mismo perfil en los altos cargos. La situación macroeconómica tampoco ha sufrido mayores modificaciones, pues el aumento de las tasas de interés es un escenario que venía desarrollándose desde hace varios meses y el problema de desequilibrio del presupuesto era previsible a la luz de los elevados costos de los paros que se produjeron en el último año.

La economía, a pesar de sus crecientes desajustes en temas como salud, pensiones y el gasto burocrático, sigue creciendo a un robusto 5 por ciento anual, impulsada por el consumo interno, lo que refleja un buen nivel de confianza en el futuro cercano.

Cuando se trata de una reelección, la única ventaja que tiene el elector es que conoce, desde hace cuatro años, el estilo y enfoque del Gobierno que busca mantenerse en el poder. El votante no puede invocar la incertidumbre de no saber por qué o por quién está optando. Al Gobierno que busca su reelección le es muy fácil hacer énfasis en que la continuidad es seguridad y que la otra campaña es un salto al vacío. Las opciones que los colombianos tenían en la segunda vuelta presidencial eran diferentes e implicaban visiones distintas de la paz, la economía y el manejo presupuestal.

Tal vez los gremios de la producción y los empresarios, que hoy se muestran tan preocupados, deberían reflexionar sobre las profundas implicaciones que tiene depositar ese papelito en la urna cada cuatro años.

Miguel Gómez Martínez
Profesor del Cesa
migomahu@hotmail.com


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