Miguel Gómez Martínez

Un paso

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
febrero 11 de 2015
2015-02-11 03:33 a.m.
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La idea de becar a un grupo de estudiantes universitarios es un buen paso. Lástima que, como sucede con muchos temas en este Gobierno, existe sobre todo un interés fotográfico y retórico de mostrar grandes avances sociales, en los cuales en realidad no existen sino medidas marginales.

Kenneth Arrow (1921) es el más joven ganador del Premio Nobel de Economía, en 1972. La Academia de Ciencias de Suecia reconoció, entre otras, su contribución al tema de selecciones sociales. Arrow logró aplicar al marco económico el sabio principio según el cual “la verdadera igualdad consiste en tratar diferente a quienes son distintos”. Las becas a buenos alumnos que no tienen los recursos para pagar los estudios de formación superior buscan cerrar la brecha de desigualdad económica que caracteriza el acceso a la universidad. Pero el problema es mucho más profundo y, por lo tanto, no se resolverá con 10.000 becas.

Porque la desigualdad es el resultado de muchos factores, no solo el menor nivel de ingreso. Las condiciones de nutrición en los primeros años de vida son determinantes en el desarrollo del sistema nervioso central y, por lo tanto, del cerebro. Estabilidad familiar, higiene, medicina preventiva, ejercicio, amor y un ambiente estimulante, también son factores determinantes para desarrollar una mente inquieta y abierta al conocimiento.

Dadas las diferencias que existen a lo largo de los primeros años de vida, se amplían las distancias entre jóvenes que han tenido mejores condiciones y los que –por razones económicas, sociales o personales– han acumulado retrasos. Además, los colegios no ofrecen una educación comparable. Los que viven en zonas urbanas tienen mejores condiciones educativas que los de las áreas rurales. Y si comparamos ciudades, también hay diferencias notorias, pues los mejores colegios están en las grandes ciudades o cerca de ellas, mientras las capitales regionales menores no cuentan con buenos centros de educación. Las diferencias, entonces, son notorias y, a pesar de que las pruebas de Estado intentan corregir las disparidades en el momento de evaluar los exámenes, es imposible cerrar la brecha que ya se ha producido.

Por ello, a pesar de tener acceso a buenas universidades, los becarios tendrán que enfrentar el desbalance de provenir de familias que no solo tienen menos recursos económicos, sino de ambientes menos propensos a la reflexión intelectual y cultural. Será un reto que probablemente algunos no podrán superar. Para los que lo logren, será un triunfo maravilloso y una oportunidad de salir adelante en la vida profesional.

Arrow incorporó en sus escritos los mecanismos para intentar corregir los desbalances que impedían la justicia. Su tesis es que lo importante es la igualdad al final del proceso y no al principio del mismo. Los populistas, tipo Petro, se obsesionan con imponer la igualdad al principio sin preocuparse de que, al tratar a quienes son diferentes de forma igual, se está cometiendo una enorme injusticia, pues los menos favorecidos llevan siempre las de perder.

A la educación le hemos asignado la imposible labor de corregir todos los males sociales. Ingenuamente creemos que, como un bálsamo mágico, abrirá todas las puertas, cerrará todas las brechas y llenará todos los vacíos. Acceder a la educación de calidad es un paso. Pero es solo eso.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

migomahu@hotmail.com

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