Miguel Gómez Martínez

Pelea de gatos

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 30 de 2013
2013-10-30 12:17 a.m.
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La reforma a la salud se parece a una pelea de gatos. Son tantos los intereses contradictorios que, en lo único que hay claridad es que es imposible lograr un consenso. En medio de este volcán de presiones, el Gobierno intenta lograr que el texto final guarde alguna coherencia y pueda ayudar a contrarrestar el inevitable estallido de la crisis en la salud, algo que hoy parece inevitable.

El tema es tan complejo que los problemas de fondo no siempre reciben la atención debida.

Sin duda, el de la posibilidad de que exista integración vertical es uno de los más polémicos. Resulta lógico que quien responde por la atención del paciente pueda también tener un control de los servicios asociados.

Ello permite economías de escala y ayuda a controlar los costos asociados. Pero todas las IPS se oponen a que los hospitales puedan seguir compitiéndoles.

Hasta el momento, y pese a la oposición del Partido Liberal, la posibilidad de que exista la integración vertical no se ha cerrado en las discusiones del Congreso.

También es sensible el asunto de permitir a los hospitales abrir facultades de medicina y ampliar los cupos de especialización. El sistema tradicional de enseñanza no puede pretender ser ajeno a los cambios en los modelos de salud.

El esquema tradicional –vertical, rígido y cerrado– no genera la oferta de especialistas que el sistema requiere. Esto se traduce en demoras en la atención de los pacientes por la congestión.

En este caso, las facultades y las sociedades científicas se oponen a esta posibilidad con el argumento de que amenazaría la calidad de los profesionales.

Pero, sin duda, el tema más complejo es el de la creación de un sistema centralizado y único de gestión denominado Salud Mía.

Esta propuesta es peligrosa y desconoce la enorme complejidad del sector, agravada por los vicios de la corrupción y la politiquería. Montar una entidad pública, encargada de la gerencia de 30 billones de pesos al año y cubrir a 45 millones de ciudadanos, es una locura.

La posibilidad de engendrar un monstruo burocrático, preso del clientelismo y la ineficiencia, es inmensa.

Las millones de operaciones mensuales del sistema serían tramitadas por un sistema centralizado sometido a todas las rigideces de la contratación oficial, las debilidades de transparencia, la formación de sindicatos y la ausencia de controles de calidad.

El Gobierno parece haber olvidado la experiencia, no muy lejana, del ISS, que era mucho más pequeño que lo sería Salud Mía y que terminó en una dolorosa y costosa liquidación.

Centralizar la administración del sistema de salud sería una equivocación histórica en un momento en el cual deberíamos privilegiar esquemas descentralizados y regionales que acercaran la prestación del servicio al usuario.

Pero es lamentable que las divisiones del sector lleven a muchos a creer que es posible un sistema público universal de atención médica. Y lo más triste es que el Gobierno, que sabe que esto es una locura, se preste a tomar este camino para satisfacer los intereses de los políticos y garantizar su reelección.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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