Miguel Gómez Martínez

El peligro

Si algo caracteriza la economía de Estados Unidos es su aversión a los monopolios.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
febrero 05 de 2013
2013-02-05 11:23 p.m.
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Si algo caracteriza la economía de Estados Unidos es su aversión a los monopolios. Desde finales del siglo XIX, las leyes federales han sido estrictas en limitar las amenazas a la competencia. El último incidente ha sido la demanda instaurada por el Departamento de Justicia contra la fusión entre las dos grandes cerveceras Anheurser-Busch InBev y el grupo mexicano Modelo, fabricante de Corona. También se opusieron en el 2011 a la fusión de AT&T y TMobile, para no mencionar sino dos de los más recientes y significativos actos de las autoridades estadounidenses para proteger la competencia.
Pero lo que es más interesantes es la obsesión de frenar los monopolios por considerarlos peligrosos para el consumidor. En el fondo, el debate sobre los efectos perversos de las formas imperfectas de mercado es superado por el argumento político de evitar que los grandes capitales adquieran un control del mercado que les permita fijar rentas injustas que sean asumidas por los compradores. Los estadounidenses han terminado por ligar la existencia de mecanismos de competencia con la protección de la democracia. Sin competencia, las demás libertades están en peligro.
Claro que Estados Unidos es de un tamaño considerable, lo que permite el desarrollo de economías de escala y niveles de eficiencia muy elevados. No es el caso de tantos otros mercados en los cuales su espectro limitado no permite el desarrollo de verdaderos esquemas de competencia. Pero en Colombia existe un sesgo contra la competencia. Tenemos una preferencia por la restricción de los mercados desde el transporte aéreo, pasando por la telefonía celular, los servicios financieros, la recolección de las basuras, la televisión por cable, las cervezas, los canales de televisión, y tantos otros sectores de competencia limitada.
La teoría microeconómica ha demostrado hasta la saciedad la inconveniencia de mercados imperfectos como los monopolios, oligopolios o monopsonios. Existen muy pocos ejemplos en los cuales la existencia de un solo proveedor se justifique plenamente. Hoy, hasta en negocios muy especializados como el lanzamiento de satélites al espacio, existen varias opciones disponibles. Siempre es preferible que el consumidor tenga alternativas, pues ello regula los precios y genera un mejoramiento de la calidad de los servicios prestados.
Debemos aprender de los estadounidenses, a separar la libertad de empresa de la competencia. En nuestras economías latinas consideramos que la libertad empresarial es absoluta, así la dinámica de los mercados produzca esquemas de restricción de la competencia. Lo que sucede en Estados Unidos es que prefieren proteger los mercados a las compañías, y esto trae como beneficio una mayor eficiencia económica. Por ello, los precios son bajos y la calidad del servicios tan elevada. Quien haya tenido problemas con su proveedor de telefonía celular en Colombia sabe que cambiar de empresa no traerá un cambio sustancial en la tarifa ni en la calidad del servicio prestado.
En Colombia, tenemos todavía una economía semicerrada, con un número muy importante de mercados imperfectos. Algún día entenderemos que la función reguladora del Estado lo obliga a estar a favor de los mercados y no de las empresas.  

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