Miguel Gómez Martínez

Pierde-pierde

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
junio 10 de 2015
2015-06-10 01:36 a.m.
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La economía no es fácil. Es frecuente que se presenten conflictos que parecen no tener solución. Esta semana hemos presenciado en la prensa uno de esos casos de conflicto económico. De un lado, están los agricultores que producen arroz, azúcar o aceite de palma, que han recibido un número importante de subsidios y protecciones para poder sobrevivir frente a la competencia externa. Los más importantes son el Sistema Andino de Franjas de Precios y los Fondos de Estabilización de Precios. Estos mecanismos tienen como propósito esencial proteger el ingreso de los agricultores cuando existen aumentos temporales en la producción que derrumban los precios internacionales. Los agricultores argumentan, con razón, que los mercados de productos agrícolas mundiales están distorsionados por todo tipo de subsidios y ayudas que no permiten una competencia transparente.

Pero el problema real es que muchos de estos productos de origen agrícola son materias primas fundamentales para la industria. El azúcar y el aceite se utilizan en miles de productos de alimentación que todos consumimos. Si los insumos son costosos, pues el precio de venta al público subirá. Hace algunos días se anunció el cierre de la planta de Chiclets Adams en Cali, donde perdieron el empleo más de 400 trabajadores. Una de las razones que argumentó la empresa para el cierre era que los altos costos del azúcar en Colombia no hacían rentable seguir produciendo chicles en Colombia y que trasladaban la producción a México.

La pregunta, entonces, es qué hacer. Si no protegemos a los agricultores y permitimos la importación de bienes agrícolas, pues se quiebran. Pero si los protegemos con elevados aranceles, la industria no es rentable y también se quiebran. Cuando este estilo de situaciones se producen, el problema es estructural. No somos productivos ni en agricultura ni en la industria y, por eso, las alternativas no son gana-gana, sino pierde-pierde. Los representantes de los industriales argumentan, también con razón, que las protecciones al sector agropecuario tienen como objetivo fundamental brindarle a esos productores el tiempo para hacer las inversiones en tecnología y variedades, que les permitan asumir la competencia internacional. Como muy pocos han hecho con juicio la tarea, se siguen requiriendo elevadas protecciones para evitar las crisis en el campo y los paros que tanto incomodan al Gobierno.

¿Por qué no se han hecho las reformas que permitan la modernización del campo? El campo colombiano ha sido siempre tratado como una forma de vida y no como un negocio. Los gobiernos se contentan con paños de agua tibia, cuando nuestra agricultura lo que requiere es investigación e inversión. Lo rural en Colombia es visto con los ojos bucólicos de la literatura romántica del siglo XIX, mientras los retos que hay que superar requieren conocimiento profundo y espíritu empresarial de primerísimo nivel. En el país, mucha gente posa de conocer la realidad del campesino, pero muy pocos saben de negocios en el campo.

En este pulso entre empresarios industriales y agricultores, los dos tienen la razón. Este Gobierno, fiel a su tradición, intentará darle contentillo a ambos sin ofrecer verdaderas soluciones a los problemas reales. Mientras tanto, seguiremos perdiendo empleos en la industria y desperdiciando oportunidades en el campo.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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