Miguel Gómez Martínez

Poderío marítimo

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
agosto 26 de 2015
2015-08-26 12:03 a.m.
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Si se le pregunta a un colombiano cuál es el tamaño del país –si fue medio pilo en el colegio–, probablemente responda que algo más de un millón de kilómetros cuadrados. La cifra exacta, hasta ayer, era de 1’ 141, 748 km². Se estará olvidando, nada más ni nada menos, que del otro 46 por ciento, que lo constituye su extensión marítima, equivale a 988.000 km². Para resumir, y aproximando, este país es mitad tierra y mitad mar, y eso que no estamos sumando el espacio, porque Colombia también es la proyección espacial de su territorio físico y marítimo.

Pero lo que refleja la respuesta promedio del colombiano es que creemos que el país termina donde empieza el mar. En otras palabras, el mar es para meter los pies cuando vamos a la playa a comer fruta, tomar cerveza y ver mujeres en vestido de baño. Resulta que el mar es vital desde un punto de vista económico. No es solo una gran cantidad de agua salada. Hay minerales, petróleo, pesca y, lo que es más importante, el mar es la autopista del comercio exterior. El 94 por ciento de todo lo que importamos y exportamos llega o sale de Colombia por vía marítima. Perder mar es comprometer el futuro para el país, así muy pocos sean conscientes de ello.

En el Pacífico tenemos 1.300 kilómetros de costa que constituye la zona más pobre y olvidada del país. Unida por tan solo dos carreteras (Tumaco-Pasto y Buenaventura-Cali), el Pacífico es un gran desconocido de los colombianos. Todos los males confluyen en medio de un abandono y miseria, que son un reproche para todo el país: narcotráfico, minería ilegal, corrupción política, desintegración social, deterioro ambiental son visibles e impactantes. El Estado brilla por su ausencia y solo la Armada Nacional ejerce la soberanía y, con insuficiencia de recursos, realiza una admirable labor en la región.

En el Atlántico, nuestro modelo es menos crítico, pero está amenazado por nuestros vecinos. Perdimos el 40 por ciento del mar en litigio con Nicaragua, sin que el país reaccionara. Venezuela presiona periódicamente para apoderarse de las áreas de golfo que nos pertenecen. La descolorida diplomacia nacional parece no entender que prudencia no es sinónimo de debilidad y alienta con su actitud a quienes quieren disminuir nuestra proyección en el Caribe. Pero los 1.560 kilómetros de esta costa también merecen un papel prioritario en nuestro modelo de desarrollo, y solo en los últimos años se entiende que estar cerca del mar mejora y protege la competitividad de nuestras empresas.

Pero pocos colombianos entienden el carácter trascendental del poder marítimo. Desde nuestras montañas nos hemos desarrollado de espaldas al mar, y por ello hoy no tenemos marina mercante, la pesca es marginal y apenas empezamos a desarrollar el potencial energético de las operaciones off-shore. Si no fuera por la presencia de la Armada, nuestra soberanía habría sido desconocida por quienes sí entienden la riqueza que Colombia posee. El mar no nos importa, no lo conocemos y no lo estudiamos.

Si cesa el conflicto interno, el país no puede cometer el error de reducir su presencia en los mares. Desarrollar nuestro poder marítimo es garantizar nuestro futuro.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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