Miguel Gómez Martínez

‘Toda política es local’

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
julio 29 de 2015
2015-07-29 05:04 a.m.
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Los estadounidenses, que tienen una visión muy pragmática de la política, afirman que “toda política es local”. Trasladan la verdad de que, desde la Grecia antigua, la política es un asunto de ciudadanos, en otras palabras, de los habitantes de la ciudad. El Hommo politicus es, antes que cualquier otra cosa, un ser que se preocupa por los temas de la vida cotidiana, en los cuales los asuntos de su ciudad son los más directos.

El fin de semana anterior se inscribieron los candidatos a gobernaciones y alcaldías para las elecciones del próximo 25 de octubre. El Gobierno quiere convertir estos comicios en un plebiscito por su estrategia de paz. El afán de Santos por lograr el acuerdo de cese bilateral, y de conceder el no bombardeo de la Farc, busca convencer a la población de que el acuerdo es una realidad y que sus beneficios se verán en el corto plazo. Cree que de esa forma matará dos pájaros de un solo tiro, pues obtendrá la elección de muchos socios políticos de sus parlamentarios, y tendrá elementos para demostrar que su política de paz es popular, a pesar de los aplastantes resultados negativos de las encuestas.

Los votantes deberían evitar desviar su atención del objetivo de elegir buenos alcaldes, concejales, gobernadores y diputados. Porque el futuro de nuestros departamentos y ciudades no depende de la estrategia clientelista del Gobierno.

Los ciudadanos tienen que entender que su calidad de vida depende de la elección de personas idóneas y honestas, que le impriman, durante cuatro años, el dinamismo que permite corregir los problemas e implementar políticas eficaces en materia de seguridad, movilidad, infraestructura, educación y salud.

El dinero que tendrán los alcaldes de las principales ciudades es importante. En Bogotá será de más 17,3 billones; de 4,1 billones, en el caso de Medellín; 2,5 billones en Cali, y 2,2 billones en Barranquilla. Bien administrados y multiplicados por los cuatro años de gobierno, es mucho dinero. Si se adicionan los programas del Gobierno Central, del sistema general de participaciones y del fondo de regalías, los presupuestos son elevados. Los bogotanos ya sabemos que, en manos de administraciones ineptas y sin experiencia, el dinero termina en los bancos por la incapacidad de llevar a cabo la ejecución presupuestal. Lo fácil es crear burocracia innecesaria y costosa, como la que abunda en las dependencias y las calles de la capital.

Ciudades como Medellín y más recientemente Barranquilla, que han tenido mejores administraciones locales, disfrutan hoy de un evidente progreso. Es el resultado de haber elegido personas con compromiso y capacidad de administrar lo público.

El populismo es un mal que gana espacio en nuestra vida política. Desde las más altas esferas del poder hasta los municipios más pequeños, hay políticos dispuestos a proponer políticas públicas absurdas e irresponsables. No les importa su sostenibilidad ni su racionalidad financiera. Solo les interesan los réditos políticos de corto plazo. La mermelada, esa descarada repartija de los impuestos de los ciudadanos, viene acompañada de verdaderas mafias de la contratación que derivan en carruseles que no solo existen en Bogotá.

Votar es un deber ciudadano que debe ser ejercido con la máxima responsabilidad.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com
 

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