Miguel Gómez Martínez

¿Es posible?

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 25 de 2013
2013-09-25 03:59 a.m.
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Un reciente estudio confirma algo que muchos sospechamos, pero que parece ilógico: un local en la Zona T de Bogotá es más costoso que en la famosa Quinta Avenida de Nueva York. Según el informe, el metro cuadrado en el área entre la Calle 82 y la Avenida 82, entre carreras 11 y 13, tiene un valor de alquiler mensual por metro cuadrado de 250 dólares. En Nueva York, específicamente en la Quinta Avenida, el costo de un local asciende a 222 dólares por metro cuadrado.

Algunos dirán que es la demostración de lo mucho que ha decaído el imperialismo. Otros insistirán en que es la mejor demostración del enriquecimiento de Colombia y de lo bien que vamos. Algunos incluso se atreverán a ver el éxito de las últimas alcaldías que ha tenido Bogotá. No faltará el que sostenga que Petro tiene razón cuando promueve un Plan de Ordenamiento Territorial que haría imposible que existan zonas comerciales puras, y que se requiere llenar la Zona T de burdeles y vivienda de interés social para que los precios regresen a la normalidad. Pero el sentido común, que nunca debe abandonarnos en el análisis económico, nos dice que algo está mal cuando los precios reflejan una circunstancia que no resulta fácil de explicar.

¿Será que la Zona T tiene amplios andenes llenos de vida, cafés, limpieza y aire puro? ¿Será que su acceso es cómodo, las calles están bien pavimentadas, el parqueo es de precios razonables y la seguridad óptima? ¿Será que encontramos un ambiente sin drogas ni riñas, donde no hay borrachos en las calles ni vendedores ambulantes? ¿Será cierta tanta belleza como para justificar el cobro de 472.250 pesos mensuales por un metro cuadrado en este aparente paraíso terrenal? Como soy habitante de esta metrópoli, transito con frecuencia por esta zona de la ciudad y puedo asegurarles –con objetividad– que no es cierto que este sector sea mejor que la devaluada Quinta Avenida de Nueva York.

Mi padre, que sabe mucho de economía, dice que las cosas valen lo que la gente está dispuesta a pagar por ellas. Si existen comerciantes en Bogotá prestos a asumir alquileres más elevados que en los Campos Elíseos de París, la romana Via Veneto o Rodeo Drive, en Los Angeles, debe ser porque la rentabilidad de sus negocios lo permite.

Lo que nos lleva a la conclusión de que sus ventas deben ser superiores (en paridad del poder adquisitivo) a las que realizan almacenes similares en esos países desarrollados. Si no fuera así, nadie pagaría esos precios exorbitantes por locales comerciales.

Luego, la lógica tiene que imponerse. Debe existir en Bogotá una población capaz de comprar a precios más altos que en Nueva York. Si ello es así, quiere decir que esa fracción de la ciudadanía tiene hábitos de consumo y poder adquisitivo que les permiten desafiar a los ricos de Nueva York. ¿Es, entonces, posible que Bogotá, con sus huecos, su caos, su suciedad y pobreza, sea más cara que la capital del mundo? Es posible.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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