Miguel Gómez Martínez
columnista

Primer error

Al enviar el mensaje de que piensa implementar una política menos favorable al libre intercambio, Trump manda señales preocupantes.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
enero 10 de 2017
2017-01-10 08:02 p.m.
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No se ha posesionado y Donald Trump empieza a cometer errores graves. Preso de su discurso populista, anuncia que impondrá restricciones a las importaciones de vehículos fabricados en México. Despertar el espectro de una política comercial proteccionista es una equivocación mayor cuyas consecuencias podrían postrar al mundo en una grave recesión.

Es cierto que detrás de la política económica del nuevo mandatario estadounidense hay un evidente trasfondo político. Trump obtuvo su victoria con el apoyo de algunos estados de fuerte tradición demócrata y que pertenecen a lo que se denomina “el cinturón de óxido” (rust belt). Son las tradicionales regiones industriales (Ohio, Michigan, Pensilvania, Illinois) del noreste que entraron hace varias décadas en decadencia y donde se perdieron cientos de miles de empleos en las manufacturas que ya no competían con la oferta de naciones con costos de producción más bajos. Trump insiste en que esos puestos de trabajo deben regresar a EE. UU. y que por ello es necesario restringir las importaciones.

Al enviar el mensaje de que piensa implementar una política menos favorable al libre intercambio, manda señales preocupantes. La primera es para los grandes países exportadores que temen por la continuidad de su acceso al primer mercado del planeta. Para naciones como México, que le apostaron al libre comercio con el tratado de libre comercio (Nafta), es un golpe bajo que puede iniciar un nuevo período de tensión en la relación bilateral.

El impacto que alcanzaría a tener sobre las inversiones que se han establecido en ese país para beneficiarse del acceso privilegiado al mercado del norte puede ser muy elevado. Sin capacidad de generar empleos estables, los mexicanos volverán a cruzar la frontera aumentando la presión migratoria, cuyo freno es, de forma irónica, uno de los caballos de batalla de Trump.

Donald Trump subestima las tensiones populistas que tienen otros países desarrollados. En Europa aumenta la audiencia de los movimientos políticos que se muestran contrarios a la libre circulación de personas y mercancías. Para estos países, el recurso a represalias proteccionistas sería bienvenido, lo que sumiría al mundo en un colapso de los volúmenes de comercio internacional.

Una guerra comercial solo genera perdedores y su resultado es un aumento de la inflación que lleva a políticas monetarias restrictivas que solo agravan la situación. La historia económica confirma que cada vez que los países han decidido enfrentar un problema de competitividad con aranceles elevados o barreras de importación el resultado es un contagio de los problemas más allá de sus fronteras.

Ojalá el nuevo presidente estadounidense reflexione sobre la peligrosa dirección que ha anunciado. Un dólar fuerte, como existe en la actualidad, no lo favorece y, por el contrario, estimula las importaciones, que han sido señaladas como culpables de la desindustrialización de la economía.

Pero sobre todo, Trump debería calibrar con prudencia el impacto que su mensaje electoral de “América primero” puede tener a nivel mundial. Se espera que la política económica estadounidense adquiera un sesgo más local. Pero las sospechas de que el nuevo discurso de Washington es simplemente una nueva ola de codicia que utiliza el proteccionismo como herramienta, es un escenario que no le conviene ni a la diplomacia de Estados Unidos ni al frágil equilibrio de la economía mundial.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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