Sacando Pecho, Miguel Gómez Martínez | Opinión | Portafolio
Miguel Gómez Martínez
miguel gómez martínez

Sacando pecho

Mauricio Cárdenas recibió hace más de cuatro años una economía con potencial de crecimiento, que hoy está debilitada y sin rumbo.

Miguel Gómez Martínez
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Miguel Gómez Martínez
enero 03 de 2017
2017-01-03 08:56 p.m.
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Lamentables las declaraciones del Ministro de Hacienda al periódico El Tiempo luego de la aprobación de la nefasta reforma tributaria y de la decisión del Gobierno de aumentar por decreto en un 7 por ciento el salario mínimo. Cárdenas, muy en la escuela santista, cree que puede convencernos de que su gestión es impecable y de que todo va bien en la economía.

El uso de la mermelada logra comprar los votos y las conciencias en el Congreso, pero no puede tapar la terrible encrucijada en la que se encuentra la economía.

El titular de la cartera de Hacienda afirma, con un gran descaro, que de no haberse aprobado la reforma tributaria el país entraría en recesión. Presenta como un éxito aquello que ratifica su estruendoso fracaso.

Un país no está bien si debe escoger entre dos opciones indeseables: subirles los impuestos a las clases medias y pobres o entrar en problemas financieros internacionales.

Porque esta reforma, inconveniente y regresiva, fue impuesta por las calificadoras internacionales de riesgo que conocen la realidad de las cifras y no se tragan los discursos triunfalistas del equipo de gobierno.

Poner en peligro el grado de inversión afectaría el prestigio internacional de Santos, algo que ni él ni Cárdenas aceptarían, así el precio lo tengan que pagar todos los colombianos con mayores impuestos.

Pero sacar pecho debería tener límites. Afirmar que el modesto aumento del 7 por ciento en el salario mínimo es una ganancia en el poder adquisitivo de los pobres es casi delirante. Primero, porque la inflación del 4 por ciento que pronostica el Ministro solo será un hecho el 31 de diciembre del 2017.

Por lo menos debería tener la prudencia de no comprometerse con resultados cuando en el 2016 erró en todos sus pronósticos de crecimiento, desempleo e inflación.

Como si los pobres, pensionados, madres cabeza de familia y el conjunto de los colombianos no hubiésemos perdido poder adquisitivo en el 2016, cuando la inflación estuvo 87,5 por ciento por encima del nivel máximo fijado por el Banco de la República.

También es pensar que los colombianos son bobos y no se dan cuenta del impacto que tendrá sobre la inflación la cascada de impuestos y aumentos de los precios públicos, como servicios, peajes o el transporte.

Triste que este Gobierno no quiera decir la verdad sobre los difíciles tiempos que se avecinan en el plano económico. La inversión extranjera sigue resentida; las exportaciones, famélicas, y la mayor presión tributaria, de la que se vanagloria el Ministro de Hacienda hace nuestra economía aún menos atractiva.

Eso sin contar con la incertidumbre que estará en su nivel máximo mientras el Gobierno insiste en convencer a los colombianos que el acuerdo de paz es “el mejor de la historia mundial”. En pleno año preelectoral, la toma de decisiones de inversión se resentirá mientras el muy confuso panorama político se aclara.

Cárdenas recibió hace más de cuatro años una economía con potencial de crecimiento, que hoy está debilitada y sin rumbo. Triste resultado para una nación que además de los graves nubarrones que planean sobre su futuro político ahora debe enfrentar un escenario económico plagado de desequilibrios y vulnerabilidades. Y mientras esto sucede, hay gente que cree que puede sacar pecho.

Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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