Miguel Gómez Martínez
columnista

Saltan los fusibles

A pesar de las dos últimas nefastas reformas tributarias, la situación fiscal sigue crítica

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
julio 18 de 2017
2017-07-18 09:03 p.m.
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Cuando se observa la proliferación de precandidatos presidenciales se entiende lo que es la ambición del poder. Nunca hemos tenido un abanico tan amplio de perfiles y personalidades. Algunos piensan que es una señal de la vitalidad de nuestra democracia. Pero me uno a los que creen que es lo contrario y refleja la profunda confusión de un sistema político incapaz de entender la circunstancia en la que nos encontramos.

Los aspirantes no dedican mucho tiempo a analizar la realidad que tendrían que enfrentar si reciben el favor popular. Por lo menos en economía, el próximo gobierno encontrarán una herencia bien preocupante. Un resumen corto confirma la ansiedad creciente de las agencias de calificación de riesgo que ven cómo saltan los fusibles que alertan sobre lo que está pasando.

El crecimiento es famélico. Los expertos han venido todos revisando sus previsiones a la baja. Ninguno cree que la cifra esté por encima del 2 por ciento al cierre del año y la mayoría creemos que estará más cerca de 1,5 por ciento.

Por sectores, los bombillos rojos abundan. La industria tiene un crecimiento negativo, acumulado a mayo, del 1,3 por ciento. El comercio sigue en crisis luego de la reforma tributaria y su regresión es del 1,4 por ciento en lo corrido del año. Ni el consumo ni la inversión tienen dinámica.

Esto explica la caída de la inflación, ligada además a la debilidad de la demanda. El Emisor ve una tendencia a la convergencia con el techo de la franja (3,99%) lo cual lo induce a rebajar de forma acelerada la tasa de interés.

Pero, como bien lo señala Sergio Clavijo, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), la inflación subyacente, que no incluye los precios de los alimentos, sigue por encima del 5,1 por ciento. La inflación baja como la fiebre desciende cuando el paciente se está muriendo.

El dólar refleja la inestabilidad de los flujos de divisas de la economía con un comercio exterior postrado y sin estrategia gubernamental. La inversión extranjera está nerviosa y los capitales golondrina, muy invertidos en los TES del Gobierno, buscan opciones de recomposición. Los bonos colombianos han sido de los más castigados en los mercados internacionales durante el primer semestre. El aumento del dólar puede además afectar el descenso de la inflación al encarecer las importaciones.

Pero el tema de fondo es el fiscal. A pesar de las dos últimas nefastas reformas tributarias, la situación fiscal sigue crítica. El recaudo aumenta bien por encima de la inflación (5,9%) en los primeros cinco meses del año, pasando de 57,3 a 60,7 billones.

Pero el desangre del gasto no tiene límites. La recientes huelgas confirman que la única respuesta del Ejecutivo es ceder, dejando el problema que se verá en el 2018.

El marco fiscal de mediano plazo cruje como un madero que no resiste más.

Los candidatos deberían revisar las vigencias futuras para que entiendan que no tendrán ningún margen de maniobra el 7 de agosto del 2018.

Sin instituciones, sin justicia, con la bomba de tiempo del proceso de paz y sin espacio en la política económica, el próximo gobierno recibirá una muy delicada coyuntura, solo comparable a la que dejó el gobierno de Samper en 1998.

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