Miguel Gómez Martínez

¿Y si Sarmiento tuviera razón?

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 13 de 2015
2015-05-13 03:32 a.m.
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El emblemático Eduardo Sarmiento Palacio, director del Centro de Estudios Económicos de la Escuela Colombiana de Ingeniería, es uno de los economistas menos populares en Colombia. Ha sido un feroz y sistemático crítico del modelo de apertura e internacionalización de la economía colombiana. Es partidario de la protección selectiva de la economía, del desarrollo de una política industrial voluntarista y de incrementar los impuestos redistributivos de la riqueza. Todo ello lo ha condenado al ostracismo en un país de gran incultura económica, donde las ideas deben ajustarse a los intereses de unos pocos.

Confieso que las ideas de Sarmiento no son, por lo general, afines a las mías. Pero siempre lo escucho con atención, pues es uno de los pocos economistas nacionales que tienen la visión integral de un modelo. Posee esa terquedad propia de los convencidos de tener la razón. Se expresa con claridad en un mundo en el cual pocos lo hacen. Sin duda, recomendaría su reciente publicación Distribución del ingreso con crecimiento es posible, pues resume su esquema de pensamiento que tan pocos amigos le ha granjeado en la profesión.

Pero las diferencias teóricas no pueden esconder lo evidente. El modelo de apertura, tal como ha sido implementado en Colombia, está haciendo agua. En el 2013, el déficit de la balanza comercial fue de 433 millones de dólares. En el 2014 se disparó al impresionante monto de 6.926 millones y este año, a febrero, ya ascendía a 3.038 millones. Claro está, la caída vertiginosa y acelerada del precio del petróleo explica una fracción significativa del desbalance. Pero sería simplista culpar al oro negro de toda la crisis. La verdad es que el país se contagió de la enfermedad holandesa y cerca de tres cuartas partes de nuestras exportaciones eran petróleo y carbón. Esto esconde el deterioro de la competitividad de los sectores industriales y agropecuarios, cuyos gremios prefieren pelechar subsidios estatales en lugar de defender las empresas y el empleo. Sin productividad ni competitividad, el país se ha ido desindustrializando y su agricultura ya no resiste ni la competencia de Ecuador y menos la de Perú.

Sarmiento ha dicho que dejar los sectores productivos al vaivén de la competencia internacional es un error histórico, pues supone que tenemos empresas sólidas, debidamente articuladas y mercados internos fortalecidos por una demanda agregada sólida y estable. Pero como todos sabemos, nuestros mercados internos son imperfectos, dominados por oligopolios y sometidos a condiciones de comercio internacional poco equitativas. Además, arrastran con el lastre de no tener buena infraestructura, con deficiente tecnología y un pobre nivel de capacitación. Sarmiento también cree que el exceso de ahorro, generado por los sectores más pudientes de Colombia, deriva en una penalización de la remuneración real del trabajo en beneficio del capital, lo que contribuye a una mayor inequidad. Sin una demanda doméstica fuerte es imposible desarrollar ramos productivos que puedan enfrentar la competencia externa, lo que explica la vulnerabilidad actual del modelo de internacionalización y que se refleja en la crisis externa.

La devaluación reciente del peso sería, según Sarmiento, la prueba de que el modelo actual, por su inconsistencia y fallas internas, nos está empobreciendo.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com
 

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