Miguel Gómez Martínez
columnista

Señales matizadas

Con una situación fiscal precaria y sin resolver, y la perspectiva de que el nuevo gobierno tenga que presentar otra reforma tributaria, es normal que los compradores de deuda colombiana se retiren.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
noviembre 21 de 2017
2017-11-21 08:50 p.m.
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Euforia produjo en el equipo económico del gobierno la publicación del modesto resultado del crecimiento del PIB (+2 %) durante el tercer trimestre del año. Claro que es mejor que el del segundo trimestre (+1,6 %), pero tampoco es la prueba de que la crisis esté superada. La lectura de otras estadísticas nos obligan a un análisis más matizado de la coyuntura.

Al desagregar las cifras de crecimiento, se deduce que el mejor desempeño es el de la agricultura. Es cierto que el año pasado fue especialmente negativo por el largo y duro verano y el paro camionero, que tuvieron fuertes efectos en el campo. Sobresale el desempeño de la caficultura, en la cual recuperamos el nivel de 14,3 millones de sacos de producción. Aquí cabe señalar que la producción de octubre, que no entra en las cifras del tercer semestre del PIB, y que es el de mayor producción, muestra una preocupante caída (-23 %) con respecto al mismo mes del 2016.

Cae el déficit de la cuenta corriente, lo que es una buena noticia. Pero es producto del débil nivel de la actividad económica. Aun así, en los primeros nueve meses ya supera los 6.056 millones de dólares, lo que permite anticipar que estará por encima de los 8 mil millones al cierre del 2017. Un análisis por países confirma el efecto arrasador de la invasión china. El desequilibrio con este país en los primeros tres trimestres ya asciende a la impresionante cifra de 4.670 millones de dólares. Nada permite concluir que estemos recuperando la competitividad.

Lamentable sigue siendo el comportamiento de la industria, sector sin política ni doliente. En los primeros nueve meses, muestra un registro negativo (-0,7 %), y en septiembre la tendencia se pronuncia con un descenso del 1,9 por ciento. De los 39 subsectores, 25 tienen caídas en la producción. Para rematar, también se reducen las ventas y el personal ocupado. Preocupante el desempeño de sectores tan importantes como las bebidas (-6,3 % y las confecciones (- 9%).

Pobre, también, el resultado del sector de construcción, cuya contribución al PIB fue negativa en 2,1 %. Camacol, más preocupada por la política que por las cifras, parece no atender las señales de alarma que confirman una ralentización de las ventas en casi todos los estratos. Se confirma la crisis de la minería (-2,1 %), abandonada por el gobierno, sometida a todas las presiones populistas y los chantajes de la corrupción.

Decir que hemos superado la crisis va en contravía de lo afirmado por el Banco de la República, que pronostica un aumento del desempleo a 10,41 % en noviembre. La huelga de Avianca confirmó que el país no tiene política laboral, y que el Ministerio del ramo es un espectador impotente de los conflictos.

Hay indicadores que no deben pasar desapercibidos. La inversión extranjera en portafolio bajó 31 % entre octubre del 2016 y octubre de este año. Con una situación fiscal precaria y sin resolver, la perspectiva de que el nuevo gobierno tenga que presentar otra reforma tributaria, es normal que los compradores de deuda colombiana se retiren. La euforia del gobierno con la modesta cifra de crecimiento es excesiva. Una golondrina no hace el verano.

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