Miguel Gómez Martínez

El sueño de un político

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 10 de 2012
2012-10-10 12:29 a.m.
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Si se le pregunta a un político colombiano cuál es su sueño de poder clientelista, la respuesta es simple: el ICBF o el Sena.

Con sus enormes presupuestos, el ICBF 3,7 billones y el Sena 2,2 billones, su cobertura nacional y capacidad de llegar a los sectores más vulnerables son el botín predilecto de cualquier político que quiera puestos, contratos e influencia regional.

A pesar de ser las piezas más apetecidas del banquete burocrático, los dos institutos descentralizados son considerados las estrellas de la acción estatal.

Criticar los programas de atención a la infancia o de capacitación profesional que adelantan estas entidades le granjea al que lo plantea una reprobación inmediata.

Tanto consenso sobre los beneficios derivados de estas dos entidades es sospechoso. Cuando se analizan algunos de los programas bandera, se ve que el ICBF sigue utilizando bienestarina, un complemento nutricional obsoleto e inadecuado.

El Sena tiene un programa de aprendices formados para la segunda revolución industrial en un mundo, en el cual la flexibilidad y el contenido tecnológico son fundamentales.

Estos dos institutos son financiados con parafiscales de las nóminas. Por ello, cuentan con enormes recursos para adelantar programas interesantes, pero también para cubrir todos los engrases políticos. En el proyecto de reforma tributaria que ha presentado el Gobierno a consideración del Congreso está previsto el desmonte de estos dos parafiscales, que serían reemplazados por recursos aportados por el presupuesto general de la Nación.

Sin el generoso chorro de recursos amarrados a las nóminas, el ICBF y el Sena tendrían más restricciones presupuestales. Estarán sometidos al ojo austero del Ministerio de Hacienda, siempre exigente con los aumentos en las nóminas y los contratos.

Por esto, en el Congreso están alertas y no permitirán el desmonte de los parafiscales.

El Gobierno enfrentará una verdadera andanada de críticas de los parlamentarios de todos los partidos sobre el desmonte de estos programas sociales.

Como este Gobierno es poco resistente a la crítica, seguramente cederá al clientelismo, pues tocar estos bastiones sería muy costoso para su gobernabilidad, que ha demostrado, con contadas excepciones, ser flojo para enfrentar debates difíciles.

El desmonte de los parafiscales es una forma de sincerar el costo del trabajo en el país, pues la hora de trabajo no tiene ninguna relación con la nutrición de los niños o programas de adopción.

Tiene más relación con la formación profesional, siempre y cuando el Sena forme el personal que requieren las empresas, algo que solo es cierto de manera parcial.

El parafiscal es una figura que permite dotar de recursos al Estado sin someterlo al filtro de la evaluación de resultados.

Por eso les encanta a políticos y gremios de la producción, que encuentran en estos mecanismos los presupuestos constantes y jugosos para programas clientelistas y esquemas de corrupción.

El Gobierno sabe que desmontar los parafiscales es poco viable.

Los políticos no dejarán que destruyan su sueño burocrático. Porque para un congresista la política sin puestos y sin contratos no es un sueño, sino una pesadilla.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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