Miguel Gómez Martínez

¡Qué susto!

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
junio 24 de 2015
2015-06-24 03:14 a.m.
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Bien difícil ese tema del contrabando. La aprobación por el Congreso de una ley que endurece la sanciones por esta práctica, prendió las alarmas en muchos comerciantes, de lo que se denomina coloquialmente como ‘Sanandresitos’. Argumentan que la norma es injusta, destruye empleos en el comercio y fortalece a los grandes industriales y comerciantes que abusan de los márgenes de ganancia.

Pero, aunque hay algunos pocos argumentos válidos en la protesta de los Sanandresitos, también hay muchas falacias. El contrabando ha sido el lavadero del narcotráfico y de muchas actividades ilegales. Con esos productos que entran ilegalmente, los carteles se procuran los pesos que les permiten aceitar los negocios turbios. Tampoco es cierto que el contrabando genere empleo, porque lo que hace es destruir empresas industriales y agropecuarias que no pueden competir con productos traídos de China y otros países de forma irregular. Existen sectores enteros de economía, como el de los licores, el cigarrillo, los textiles, las confecciones, el calzado o las autopartes, que tienen que sobrevivir pagando impuestos y prestaciones sociales, mientras los contrabandistas hacen inmensas ganancias a la luz y sin temer ninguna represalia real del Estado. Muchos de esos productos de la economía del semáforo son manipulados por grandes contrabandistas que explotan a los pobres vendedores dejándoles un modesto margen, en tanto ellos se embolsillan enormes utilidades libres de impuestos.

Claro que algunos empresarios y comerciantes legales están preocupados que el Estado utilice esta nueva ley para perseguir a aquellos que no son afines al gobierno. Como nunca en nuestra historia, los instrumentos del poder público han estado reservados para quienes muestran su adhesión al gobierno. Los que están distantes son, frecuentemente, recordados, que no deben esperar nada del Estado como precio por su independencia. Dado que las sanciones por contrabando se vuelven de mucho mayor alcance, hay preocupación que la débil capacidad de fiscalización de la Dian y la caprichosa interpretación de los jueces, terminen por cometer abusos contra sectores legales de la economía, en un país donde la arbitrariedad de las instituciones, y especialmente de las tributarias, es legendaria. El poder de chantaje de esta institución crece desmedidamente cuando las sanciones son de esta naturaleza.

Ya es hora de que los ilegales e informales sientan el peso de la autoridad, porque en Colombia el peor negocio es estar del lado de la ley. Los que cumplen con las normas son perseguidos inmisericordemente por este Estado que siempre es duro con lo buenos y blando con los malos. El solo hecho de que existan centros comerciales, en los cuales se venden, a la luz del día y sin ningún problema, bienes de contrabando, muestra hasta qué punto hemos favorecido a los que están al margen de la ley. Los que pagan IVA, industria y comercio, renta, predial, impuesto al patrimonio, parafiscales, salarios legales y deben cumplir con la inagotable tramitomanía de este Estado bueno para nada, tienen derecho también a que las leyes persigan a los que han escogido violarlas.

Que los que viven del contrabando no se hagan los mártires, porque mártir es el que cumple la ley en Colombia.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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