Miguel Gómez Martínez

Talón de Aquiles

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 29 de 2013
2013-05-29 12:02 a.m.
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El petróleo es el principal pilar de la economía colombiana. Por lo tanto, es una mala noticia la caída del precio internacional del crudo. Los efectos sobre la estabilidad macro pueden ser muy serios, pues el Gobierno se ha acostumbrado a contar con recursos considerables y estables provenientes de las exportaciones.

En el 2010, Colombia producía 800 mil barriles diarios de petróleo. El año pasado incrementó a 944 mil barriles/día. Este año, la producción está en 1’006.000 barriles por día, y unas reservas probadas de 2.000 millones de barriles. A pesar de los importantes volúmenes de inversión extranjera en el sector y del crecimiento de la producción, estamos lejos de ser un país petrolero. Pero nuestra economía depende de manera significativa de que se mantengan los volúmenes de producción y los ingresos derivados de la misma.

Colombia requiere mantener un sector petrolero competitivo. Son varias las amenazas que se ciernen sobre la industria. La más seria es la pobre coordinación entre la política del Gobierno de promover mayores volúmenes de exploración y explotación, y los obstáculos que enfrentan las empresas a nivel territorial.

Aparte de la obtención de licencias ambientales, que es un viacrucis administrativo, las compañías están sometidas a una verdadera guerrilla por parte de las autoridades locales y las Corporaciones Autónomas. Se exige todo tipo de prestaciones que no están incluidas en los contratos suscritos, y que van desde el enganche de trabajadores de la región, la contratación de empresas relacionadas con políticos locales o exigencias mayores como la construcción de polideportivos, plazas de mercado, escuelas o la pavimentación de vías. Y están los temas estructurales, como las deficientes infraestructuras de transporte del crudo o la ausencia de suficientes profesionales en áreas claves como la geología.

Pero la amenaza más grave para el sector petrolero es de orden político. Es visto como una actividad que no contribuye al desarrollo nacional, lo que lleva a que sea objeto de una verdadera persecución tributaria. En la pasada reforma presentada por el Gobierno y aprobada por el Congreso hubo múltiples iniciativas que buscaban castigar a las empresas petroleras con nuevos tributos. Los departamentos que perdieron participación en el reparto de regalías no se resignan a recibir menores ingresos y buscan, por todos los caminos posibles, recuperar fuentes de financiación para sus gobiernos locales.

En el 2012, Colombia exportó cerca de 32 mil millones de dólares en petróleo, lo que representa más del 52 por ciento de las exportaciones totales. Dependemos, entonces, de este sector que hoy enfrenta serios desafíos. Sin los ingresos de las ventas de petróleo estaríamos en serios problemas fiscales. Sin las inversiones de las multinacionales petroleras habría un déficit en nuestra balanza de pagos que nos llevaría a una crisis cambiaria. Este sector es nuestra fortaleza, pero puede convertirse en un talón de Aquiles para la economía.

Es necesario que entendamos que mantener una industria petrolera en expansión es determinante para poder apoyar nuestro desarrollo. Sin petróleo, el sueño de una Colombia próspera se aleja y se dificulta.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez .com

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