Miguel Gómez Martínez

El túnel

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 24 de 2014
2014-09-24 03:31 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/05/56b4c55d1afeb.png

Si en algo existe un amplio consenso nacional es en el inmenso retraso que tiene nuestra infraestructura física. En todos los campos, carreteras, aeropuertos, ferrocarriles, puertos, vías secundarias o terciarias e incluso en las calles de nuestras principales ciudades se puede apreciar el estado deplorable de las obras públicas.

Las cifras de crecimiento del rubro de obras civiles en el Producto Interno Bruto reflejan el esfuerzo que se está haciendo para cerrar la brecha en este campo, que es uno de los principales frenos para el desarrollo nacional.

Algunos estudios estiman que requeriremos treinta años de inversión pública continua para lograr una infraestructura acorde con nuestro nivel de desarrollo.

Por ello, resulta lamentable que, de nuevo, las noticias sobre el desarrollo de grandes obras sean negativas. La concesión Bogotá-Girardot es un verdadero escándalo de ineficiencia y corrupción. Algo similar sucede con las troncales a la Costa Atlántica o la vía de Cali a Buenaventura. El caso del túnel de La Línea, una infraestructura que debió realizarse hace décadas, es otro ejemplo frustrante de la incapacidad que tiene el país de realizar obras de envergadura. La obra no terminará a tiempo y existe incertidumbre sobre el tiempo adicional que será necesario para concluirla.

Como siempre sucede, se argumentará que se presentaron dificultades técnicas no previstas, incertidumbre geológica o problemas con el financiamiento de la misma. Lo único que se confirma, una vez más, es que las obras grandes nos quedan grandes.

La planeación de nuestras infraestructuras tiene grandes deficiencias. De sobra se conoce la deficiente estructuración de las concesiones, que ha dado lugar a graves y costosos errores en varios proyectos. La contratación pública es lenta, engorrosa y no garantiza que las responsabilidades del Estado y el contratista se cumplan de forma oportuna. Hay largas esperas cuando es necesario hacer expropiaciones de propiedades. Las garantías financieras y las pólizas de seguro reflejan el pobre desempeño sectorial y se traducen en costos elevados. La información geológica no es confiable, lo que produce sorpresas en medio de la construcción. Hay que adicionar sistemas de construcción que no son de última tecnología, lo que encarece los tiempos y afecta la calidad. Si le sumamos una ausencia de mantenimiento oportuno, tenemos el triste resultado de un país con una red de infraestructura atrasada, frágil e insuficiente para su nivel de crecimiento.

La raíz de nuestros problemas estriba en la debilidad financiera de las empresas de ingeniería. Su dependencia de los recursos públicos o generados por los peajes no permiten una buena programación de las obras. La dificultad en los desembolsos y la complejidad de los diferentes procesos de auditoría terminan por romper cualquier estimativo de tiempo o de presupuesto. Los usuarios pasan años perdiendo el tiempo, mientras las obras permanecen inconclusas o avanzan con desesperante lentitud. Basta con visitar países vecinos como Ecuador, Panamá, Chile o Perú para observar obras de infraestructura que nos producen envidia.

El túnel de La Línea se parece a nuestra política de infraestructura. Por el momento, no nos comunica con nada y no se ve la luz que anuncie el final del mismo.

Miguel Gómez Martínez
Profesor del Cesa
migomahu@hotmail.com
 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado