Miguel Gómez Martínez

La velocidad de circulación

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
abril 22 de 2015
2015-04-22 04:12 a.m.
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Para quienes fuimos formados en economía en las épocas de elevada inflación, es siempre incómodo presenciar el océano de liquidez que caracteriza el entorno económico mundial.

Los agresivos programas de relajación cuantitativa puestos en marcha para enfrentar la crisis del 2008 no tienen precedente en la historia monetaria. La Reserva Federal de EE. UU. ha reducido de forma gradual este programa de compra de papeles para inyectarle liquidez a la economía. Incluso algunos esperan que en el curso del segundo semestre se realice un aumento de la tasa de interés. Pero el Banco Central Europeo anunció que copiará la estrategia de los estadounidenses y aumentará las medidas de expansión. No hay que olvidar que Japón, postrado por años de estancamiento, ha usado el mismo enfoque para reactivar, sin éxito, la demanda agregada.

El monetarismo, que inspiró las políticas antiinflacionarias en los años 80, era obsesivo en el control cuantitativo de la masa monetaria. Milton Friedman, premio nobel de economía, que lideró esta escuela, insistía sin cesar en que la inflación era “siempre un fenómeno monetario”. Cualquier excedente entre el ritmo de crecimiento de la liquidez y el de la producción se traduciría en un aumento de los precios en la economía.

Los chorros de emisión que hemos experimentado en los últimos años deberían, entonces, traducirse en una monumental inflación cuando el crecimiento económico repunte. El temor de que una alternativa a la crisis de endeudamiento de muchos de los países desarrollados sea a través de una inflación, que les permita licuar sus enormes pasivos con inflaciones elevadas, es algo que no debe descartarse.

Un indicador poco monitoreado es la velocidad de circulación de la moneda. Este evoluciona con lentitud y se presume que la velocidad de circulación es constante en el corto e incluso en el mediano plazo. Desde 1997, cuando llegó a su máximo de 2,12, la velocidad de circulación del dinero en EE. UU. ha venido descendiendo hasta niveles inferiores a 1,60. La baja velocidad de circulación podría ser una de las explicaciones técnicas para que la explosiva masa de liquidez no se traduzca en una inflación desbordada. Quienes critican la política de relajación cuantitativa sostienen que el grueso de la expansión monetaria se ha desviado hacia operaciones financieras especulativas que no aumentan la capacidad de producción, pero, en cambio, incuban peligrosas burbujas que tendrán que explotar. Si la liquidez se orientara a inversión productiva y no en portafolios bursátiles, la recuperación de la economía habría sido más rápida y robusta. Por ello, los críticos sostienen que la política monetaria solo beneficia a los bancos que fueron los principales causantes de la crisis del 2008. El sector real sigue sin encontrar un equilibrio que le permita superar sus problemas de forma definitiva.

En cualquier escenario, la salida de esta fase de expansión monetaria sin precedentes será un desafío de proporciones colosales. Con mercados financieros cada día más interrelacionados, cualquier cambio en la orientación de la política tiene consecuencias directas en los demás países. Lo hemos visto con la apreciación del dólar, que generó la rápida devaluación del peso. No hay que olvidar que la globalización nos une en los bueno, pero también en lo malo.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.co

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