Miguel Gómez Martínez

Vivos y bobos

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
marzo 05 de 2014
2014-03-05 03:04 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/05/56b4c55d1afeb.png

Con mucho retraso, la ciencia económica introdujo en sus análisis la calidad de las instituciones para entender el éxito o fracaso de las políticas económicas. ¿Por qué en ciertos países hay políticas exitosas que fracasan en otras latitudes? ¿Cuáles son los factores externos que es necesario tener en cuenta para evitar errores de diseño en las políticas públicas? ¿Cuáles códigos sociales son determinantes en cada sociedad? Estos son algunos interrogantes que exigen un trabajo multidisciplinario de ciencias sociales como la sociología, la ciencia política y la antropología.

Un buen ejemplo de la influencia de estos factores se encuentra en los esquemas de subsidios. En muchos países, el subsidio no se considera como una ayuda puntual y provisional para corregir una falla del mercado. Rápidamente se transforma en un derecho adquirido que luego es imposible desmontar.

Es el caso de la gasolina barata en Venezuela o las tarifas de los servicios de transporte público en casi todas las economías desarrolladas. Cuando se busca desmontar estos esquemas hay un rechazo radical a que se retorne al precio del mercado. El efecto de las 100 mil casas gratuitas ofrecidas por el Gobierno Nacional ha sido negativo, pues los posibles beneficiarios entendieron que es la favorabilidad política la que les puede permitir acceder a un beneficio escaso y restringido a una minoría.

Los códigos éticos son también determinantes para el éxito de una política social. Si hay condenas eficaces y reales a los deshonestos, los programas sociales podrán mostrar resultados transparentes. Como lo ha reconocido el Ministerio de Educación, la enseñanza gratuita ha llevado a la inscripción de decenas de miles de ‘estudiantes fantasmas’, que inflan artificialmente los presupuestos de subsidio en beneficio de políticos y alcaldes corruptos. Al regalar el agua, como lo hace el Distrito, aparecen beneficiarios que venden el líquido a microempresarios y se lucran de ello. Como no hay sanciones, el incentivo para la trampa se mantiene y crece con el tiempo.

La meritocracia también permite definir la importancia que se le asigna a la educación y la preparación en una sociedad. Si aquellos que estudian reciben un beneficio concreto por su formación, existe un incentivo para el esfuerzo académico. Pero si lo que resulta determinante es el nivel de las conexiones políticas o el origen familiar, muchos entenderán que existen ‘atajos’ que no pasan por el estudio y la excelencia. Emilio Tapia, exhibiendo impúdicamente su riqueza mal habida, envía a los jóvenes el mensaje de que el bienestar material se puede lograr sin el trabajo duro y honesto.

El relativismo moral, tan de moda en estos tiempos, ha permeado toda la sociedad. Lo bueno y lo malo deja de ser una clasificación aceptable y todo comportamiento es sometido a matices. Ya no hay buenos y malos ciudadanos. Hoy nos dividimos en vivos y bobos. Los vivos, aquellos que florecen, se enriquecen, gastan y controlan; y los bobos, los que trabajan, ahorran, invierten y pagan impuestos.

La economía puede contribuir a generar desarrollo, pero los premios y castigos sociales deben ser justos y claros.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado