Predial verde

Mima Peña
Opinión
POR:
Mima Peña
mayo 29 de 2015
2015-05-29 03:35 a.m.

En Colombia estamos a tiempo de crear un mercado que reconozca el valor de actividades ambientalmente limpias. Incluso la reforma tributaria y el PND deben comtemplar incentivos para quienes reduzcan emisiones de carbono y otros gases efecto invernadero (GEI), así como herramientas de financiación para quienes generen producciones limpias, ahorren agua, conserven bosques o reduzcan la deforestación, entre otros.

Si bien los compromisos que el país tiene de reducir la cantidad de toneladas de carbono que son emitidas cada año, aún no son obligatorios, lo responsable sería que empezáramos a preocuparnos por el estado del medioambiente y no esperar a que estos acuerdos se vuelvan vinculantes, trasladando la falta de previsión del Estado al cobro de impuestos.

Debemos pensar en maneras efectivas para que el país incentive las buenas prácticas de medioambiente, ya que, aunque se trata de un deber, la realidad es que, en muchos casos, convertirse al ambientalismo exige unos costos económicos que no se pueden imponer de la noche a la mañana.

Por ejemplo, Colombia podría crear una plataforma para apoyar un mercado de carbono. Este intercambio de carbono capturado por carbono emitido está basado en dos principios que hacen que las transacciones puedan llevarse a cabo de una manera relativamente sencilla.

Primero, el carbono y los GEI son contaminantes a nivel global, sin importar dónde se haya causado el mal. Es decir que una tonelada de CO2 emitida en Bogotá o en Nueva Delhi, a causa de una quema, produce el mismo calentamiento de la atmósfera que el que se da por la tala de árboles en el Amazonas o en Washington. Segundo, los gases son cuantificables y medibles en toneladas de carbono. Con la aplicación de unas fórmulas establecidas se puede determinar la cantidad de unidades de carbono e intercambiar toneladas sucias por limpias.

Igualmente, se podría desarrollar un mercado importante de productos certificados ambientalmente y financiar, por ejemplo, a los cacaoteros para que ajusten sus prácticas productivas y puedan producir/vender cacao certificado. O, ¿qué tal apoyar a los empresarios y campesinos para que adopten tecnologías verdes? ¿Que en vez de cobrar el altísimo impuesto predial se exonere parte de este pago a quienes reduzcan o eliminen sus emisiones de carbono, o a aquellos que conserven sus bosques en lugar de deforestarlos para otros fines?

De cualquier manera, es importante promover un estímulo, pues optar por una alternativa verde seria requiere de una inversión que incluye, además de los costos mismos del proyecto, el acoplamiento a los estándares (nacionales e internacionales), así como los de monitoreo, que aseguren que efectivamente se cumplen los requisitos ambientales.

No se trata de volverse rico a costa del medioambiente –el precio por tonelada de carbono capturado en una hectárea es de cinco dólares, aproximadamente–, pero sí de hacer atractiva la opción de que los colombianos invirtamos en él.

Mima Peña
Miembro de la junta directiva, Fundación Natura
mima_pena@hotmail.com
 

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