Nuevo estructuralismo económico

Natalia Salazar
POR:
Natalia Salazar
abril 09 de 2012
2012-04-09 12:17 a.m.

El chino Yustin Yifu Lin es el primer economista jefe del Banco Mundial proveniente de un país en desarrollo.

Antes de retirarse de la entidad en junio, publica su libro New Structural Economics, en el que plasma una nueva forma de pensar el desarrollo, en un mundo que se recupera de la crisis y en el que muchas naciones mantienen bajos niveles de desarrollo y altos niveles de pobreza.

Evocando la experiencia de varios países como China en el periodo de posguerra, desde el Banco Mundial, formula la receta que puede seguir una nación.

Su visión quiere apartarse del estructuralismo tradicional que argumentaba que los mercados tenían fallas solo superables con una activa intervención del Estado.

El principal error, según Lin, es que bajo este modelo se le apostaba a un desarrollo industrial similar al de países desarrollados, sin tener en cuenta las ventajas comparativas y dotaciones de recursos para la producción.

Fue el caso del fallido proceso de sustitución de importaciones de América Latina.

También quiere diferenciarse de la visión del Consenso de Washington, originada en las multilaterales durante los años 80, que clamaba por la menor intervención posible del Estado en el desarrollo.

La experiencia exitosa de naciones que no siguieron esta receta es la principal justificación de su teoría.

Al final, su visión no es totalmente nueva; es, más bien, una mezcla de elementos de ambas.

Para el directivo, el desarrollo es un proceso continuo de transformación y diversificación industrial, que debe ser consistente con las ventajas comparativas, las cuales se definen en cada momento por la dotación de recursos, es decir, por cuánto trabajo, capital y tecnología posee el país.

Reconoce que el mercado es el mejor asignando recursos, pero como es necesario orientarlos hacia las actividades con ventajas comparativas, se requiere de una activa acción del Estado.

Aquí está lo polémico: el Estado facilitador debería intervenir de varias maneras: identificando las actividades con ventaja comparativa, aliviando las restricciones que enfrentan las firmas existentes dedicadas a estas actividades y atrayendo a través de incentivos nuevas empresas para que se involucren en éstas.

Sugiere mecanismos como reducciones temporales del impuesto de renta, tasas subsidiadas y créditos directos para el desarrollo de proyectos específicos, inversión del Gobierno en parques industriales y promoción de zonas especiales de exportación, entre otros.

En últimas, lo novedoso es que justifica una activa intervención del Estado, pero selectiva, es decir, en línea con las ventajas comparativas.

Su receta parece difícil desde el proceso inicial de identificación de sectores.

Pero, tal vez, la mayor inquietud está en torno a que la intervención selectiva puede verse acompañada de riesgos como la selección a dedo, el favorecimiento de atrapadores de rentas (rent seekers) y hasta la corrupción. Cómo evitar estos riesgos es un ingrediente ausente en la receta del directivo asiático.

Lin propone una estrategia diferente a la que han adoptado muchos países emergentes, que busca aliviar las restricciones que enfrenta la actividad productiva en general y propiciar un mejor entorno para los negocios, utilizando al máximo los mecanismos de mercado.

¿Será mejor el camino de Lin? Se añora una mayor evidencia empírica que sustente formalmente la idea de que la intervención activa selectiva es mejor que otras formas de apoyo o contribución estatal al desarrollo. ¿Será solo un cuento chino?

Natalia Salazar

Investigadora Asociada de Fedesarrollo

nsalazar@fedesarrollo.org.co

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