Nicolás de Zubiría Gómez

Emerge otro gigante económico

Nicolás de Zubiría Gómez
POR:
Nicolás de Zubiría Gómez
junio 05 de 2008
2008-06-05 11:41 p.m.
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La leyenda dice que Brasil nunca se desarrolla a su vasto potencial. Muchos escritores han afirmado que "es el país del futuro". Pero los chistosos de siempre afirman que "Brasil siempre lo será". Más recientemente, Goldman Sachs, juntó a este país con Rusia, India y China como los países Bric (primera letra de cada país), que colectivamente representan el futuro del mundo económico, pero siempre identificando a Brasil como el entrometido en tan dinámica compañía.

Sin embargo, existen razones para creer que esta potente economía suramericana de 190 millones de habitantes, está empezando a ser tenida en cuenta en el mundo. Su crecimiento económico fue del 5,4 por ciento el año pasado, lo cual es modesto para los estándares chinos, pero esa comparación es engañosa. Brasil gozó de tasas de crecimiento similares a las chinas en la tercera parte del siglo XX, que era cuando los cariocas eran tan pobres como China. Es mucho más duro para un país de tamaño medio, como hoy es Brasil, crecer a tales tasas. Pero si a esto agregamos que también tiene petróleo, tenemos que Brasil se está convirtiendo en una potencia económica.

El crecimiento económico previo de Brasil fue estropeado por la deuda y los altos precios del petróleo, una debacle que obligó al país que tenía Gobierno militar a dar paso a un Gobierno civil. Los primeros años de este nuevo escenario democrático sufrió de inflación crónica, estancamiento económico y políticas a la deriva.
Desde la pasada década, sin embargo, bajo gobiernos democráticos reformistas, Brasil ha controlado la inflación, ha abierto una economía protegida al mundo y ha empezado a enfrentar sus problemas sociales. La pobreza y la desigualdad están disminuyendo permanentemente. Bajo el Gobierno del presidente Luis Inácio 'Lula' Da Silva, la izquierda llegó al poder en 2002, y para sorpresa de muchos, mantuvo su compromiso con la estabilidad económica y la apertura.

Todo esto, ha creado gradualmente, una atmósfera de confianza ante los hombres de negocios. Las compañías brasileñas tradicionalistas al mirar para adentro en su entorno familiar, están yendo al mercado de acciones con el objetivo de conseguir fondos, en muchas compañías, y así financiar expansiones para exportar. Son ya bien conocidas Vale do Rio Roce, segunda compañía minera mundial, y Embraer, tercer productor a nivel mundial de aviones civiles. Los extranjeros han cogido la onda, y ya la inversión extranjera directa alcanzó un récord de 34.600 millones de dólares en el 2007.

Algunos economistas argumentan que Brasil es el beneficiario de un cambio estructural, en el cual la industrialización de Asia y el ascenso de una nueva clase media en el mundo en desarrollo, mantendrá altos precios de las commodities. Además, Brasil no solo produce fríjol y soya, tiene extensa industria manufacturera también. Y los recientemente descubiertos campos de petróleo y gas natural, podrían llegar a ser más grandes que los del Mar del Norte en los años sesenta.

La preocupación hoy, es que una bonanza de petróleo debilitará una resolución firme, de llegar más a fondo en los problemas estructurales de la economía. Estas dificultades incluyen un opresivo sistema impositivo y un código laboral, que hace a las compañías huir de enganchar personal. Entre estos dos, han confinado a un 40 por ciento de la fuerza laboral a la economía informal.

Por otro lado, el peligro es la complacencia. Comparado con su pasado, Brasil indudablemente, lo está siendo mucho mejor. Pero antes de que la euforia petrolera empiece, los líderes brasileños deben preguntarse, por qué hay tantos otros países, que han hecho más grandes ingresos a partir de menores dotes.

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