Nicolás Lloreda Ricaurte

Colombia y Canadá

Nicolás Lloreda Ricaurte
POR:
Nicolás Lloreda Ricaurte
agosto 15 de 2013
2013-08-15 12:47 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7cfa3b1fb1.png

Al cumplirse 60 años de relaciones diplomáticas y dos de vigencia del Tratado de Libre Comercio, la relación entre Colombia y Canadá pasa por su mejor momento.

La agenda ya no se concentra en las preocupaciones sobre el narcotráfico o los Derechos Humanos en Colombia, sino que predomina el intercambio comercial, la inversión canadiense en diversos sectores del país, la cooperación conjunta en seguridad y asuntos regionales, y el apoyo de Canadá en la implementación de la Ley de Tierras y Víctimas, entre otros.

Hay que recordar que antes de que estuvieran vigentes los tratados de libre comercio de Colombia con Canadá, Estados Unidos y la Unión Europea, muchas de nuestras exportaciones a esos mercados no pagaban arancel, pues esos países nos otorgaban, periódicamente, reducciones arancelarias.

Varias veces esas preferencias estuvieron en peligro y la amenaza de suspenderlas o no renovarlas servía para que el Gobierno de turno en Colombia tuviera que tomar, o dejara de tomar, las acciones que los gobiernos que las otorgaban consideraban apropiadas.

La permanente incertidumbre de las preferencias impedía a nuestros exportadores planificar inversiones a largo plazo para suplir los mercados, o comprometerse a cumplir con órdenes de gran volumen.

Hoy, mientras que algunos países han perdido las preferencias a esos mercados, Colombia cuenta, desde el Gobierno del presidente Santos, con un acceso permanente y garantizado a esos mercados a través de tratados vinculantes.

Esto no solo beneficia a nuestros exportadores, sino que contribuye a que nuestra política exterior sea más independiente.

El riesgo de perder ese acceso garantizado a los más importantes mercados del mundo es infinitamente menor.

Era obvio que al inicio de estos acuerdos comerciales nuestras importaciones crecerían más rápido que las exportaciones.

El objetivo era conseguir acceso permanente a mercados que tenían aranceles más bajos que los nuestros y abaratar los insumos de nuestros productores.

En el caso del TLC con Canadá, nuestras exportaciones con valor agregado (las que mayor empleo generan) como flores, frutas, químicos, plásticos, autopartes, confecciones y calzado continúan creciendo.

Es cierto que el año pasado Colombia le vendió al mundo, incluyendo a Canadá, menos carbón y café.

Pero para concluir que eso se debió a los tratados de libre comercio y no a situaciones internas de producción se necesita mucha imaginación.

No es coincidencia que los flujos de inversión extranjera hacia Colombia, tan necesarios para generar mayor crecimiento, se hayan incrementado desde que se suscribieron los acuerdos comerciales. Para los inversionistas foráneos, los compromisos de Colombia de fijar reglas claras lo hacen un país mucho más atractivo, especialmente para la inversión a largo plazo.

Las empresas canadienses en Colombia constituyen actualmente el primer productor privado de petróleo, encabezan importantes proyectos mineros, están presentes en los sectores financiero y de servicios, y sus grandes fondos de pensiones participarán en los enormes proyectos de infraestructura que Colombia tanto requiere.

El excelente estado de las relaciones bilaterales y la gran mejora de la imagen de Colombia son una gran oportunidad para conquistar el mercado canadiense.

Nicolás Lloreda Ricaurte

Embajador de Colombia en Canadá

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado