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No se improvisa ni la política social ni sus ejecutores
Mayo 7 de 2012 - 10:17 pm
Está comprobado que, con excepción de Brasil, en América Latina no se han logrado verdaderos éxitos en equidad.
América Latina ha aprendido que ejecutar la política social es mucho más complejo que poner en marcha las fórmulas a las que se ha reducido la política económica. Separada de metas de equidad, basta con mantener los equilibrios macroeconómicos como bajar la inflación a un dígito, tener un superávit fiscal, una balanza comercial superavitaria, etcétera.
No es que sea fácil hacerlo en países llenos de demandas, que no generan empleo formal y que por lo tanto tienen niveles impositivos bajos; pero se tiene el camino a seguir.
No sucede esto con la política social.
La región lo ha ensayado casi todo. En plena crisis, aumentó el gasto social de manera significativa y pasó de niveles de un digito a dos: 15 a 20% del PIB. Cumplió como ninguna otra con el Consenso de Washington, que aunque no se planteó así, después se convirtió en la fórmula del éxito económico y social.
Adoptó, también como nadie, los programas sociales de transferencias condicionadas, poniendo la eficiencia y focalización por encima de la universalidad y solidaridad.
¿Qué ha logrado?
Cuando la economía crece y se amplían estos programas se reduce la pobreza, pero la región sigue teniendo millones de pobres y continúa con la peor distribución del ingreso del mundo.
Obviamente, se necesita entender mejor no solo los alcances de la política social definida hasta ahora, sino también el contenido social de las políticas macroeconómicas.
Este tema neurálgico sigue siendo despreciado por los grandes economistas latinoamericanos. En síntesis, si alguien está frustrado en la región, pero en particular en Colombia, es aquel o aquella que creyó que había encontrado la fórmula para dejar ese vergonzoso estigma de la profunda desigualdad social.
Las explicaciones son muchas, mas no necesariamente dan luces para hacerlo mejor.
Más plata para salud, educación, sobretodo para seguridad social, con las mismas ideas y la misma institucionalidad, no ha dado los resultados esperados. Subsidios directos a los pobres los alivia, pero ni siquiera con la condicionalidad de darle mejor salud y más educación a los hijos. Se les garantiza a las nuevas generaciones que al ser adultos no caigan en la informalidad.
Estos programas que llevan varias décadas, como los de México, sí aliviaron la vida de muchos pobres pero no los movieron a las clases medias. La privatización de los servicios sociales sin plantear nuevas reglas del juego llevó a abusos del sector privado, que creyeron que podían maximizar utilidades con dineros públicos sin que nadie les advirtiera que eso era un delito.
Se pasó de la ineficiencia del Estado a la falta de transparencia del sector privado como prestador de servicios sociales.
Lo único que ya está desvalorizado es el trickle down effect o goteo, como se denomina en español. Lo dijo en Cartagena la Secretaria General de la Cepal: ya no se trata de crecer para distribuir, sino de distribuir para crecer.
Sin embargo, en algunos sectores retardatarios no se acepta la realidad de que eso no funciona. El goteo es mínimo e insuficiente para convertir al país y América Latina en sociedades menos desiguales. Está comprobado que, con excepción de Brasil, en América Latina no se han logrado verdaderos éxitos en equidad.
Ni siquiera Chile, que bajó los niveles de pobreza del 40 al 23% en 20 años, pudo mejorar su desigualdad, porque le dio más a los ricos que a los pobres.
En Brasil no fueron las Bolsas de Familia, el programa que logró que su clase media llegara a cerca del 50% en pocos años. Fue, por el contrario, un conjunto de acciones simultáneas, además de la generación de empleo.
Se combatió al mismo tiempo el hambre, se fortaleció la educación, el derecho a la salud, vivienda, trabajo. Aquí se ha cometido el profundo error de creer que estas transferencias son el centro de la política social, como lo dijo hace poco la gran cabeza de la política social en Colombia.
Por ello, el anuncio de regalar 100 mil viviendas a los más pobres solo puede tener éxito si se aceptan los problemas a los que se enfrenta: exceso de demanda porque hay seis millones de muy pobres.
¿Cómo la controlan si se necesita más de un millón de viviendas para responderle a este grupo de población? ¿Van a dejar por fuera la adecuación de vivienda rural? ¿Cómo van a resolver la oferta si la tierra para vivienda social ya debió subir de precio? ¿Cómo hacer para que no se vuelva un botín político? ¿Cómo van a sostener las casas si no tienen ingresos?
Primer problema: programas sociales aislados no sirven. Y menos cuando no se tratan de generar ingresos propios. Es verdad que tener casa dignifica, los saca de miserables a pobres: ¿por cuánto tiempo si no tienen dinero, si sus hijos reciben educación y salud mediocres?
Segundo problema: en la política social los recursos no son suficientes cuando la ejecución es muy limitada.
¿Qué cambios se están previendo en la forma de asignar y poner en ejecución este programa para que no sufra lo que ha vivido Colombia Humanitaria?
Tercero: Sin un equipo de gente experimentada que pueda prever y resolver las barreras que se enfrentarán, las órdenes del ministro Vargas llegarán hasta la puerta de su despacho. No es mala leche. Es un aporte para que tengan éxito.
Cecilia López Montaño
Exministra de Agricultura y exsenadora
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