Omar Flórez Vélez
columnista

El presidente que necesitamos

El domingo, los colombianos fuimos a las urnas con entusiasmo y libertad, atendiendo el llamado de nuestra patria.

Omar Flórez Vélez
POR:
Omar Flórez Vélez
mayo 29 de 2018
2018-05-29 08:42 p.m.
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El domingo, los colombianos fuimos a las urnas con entusiasmo y libertad, atendiendo el llamado de nuestra patria. Dimos un positivo mensaje al mundo: respeto por la democracia, al pluralismo ideológico y la solución civilizada de nuestras comprensibles discrepancias. La voluntad soberana del pueblo, expresada a través del voto libre, en un proceso electoral transparente y pleno de garantías, ha sido acatada y respetada.

Su fallo es inapelable. Nadie debe sentirse derrotado. Tuvimos a nuestra consideración un amplio abanico de propuestas lideradas por prestantes candidatos, que interpretan la compleja realidad de nuestra nación. Sin duda, adelantaron una intensa tarea, que los hace merecedores de la gratitud ciudadana. Corresponde a los candidatos Duque y Petro adelantar una campaña respetuosa, noble y civilizada con énfasis en propuestas sensatas y viables.

Quien sea ungido presidente ha de tener en cuenta que “simboliza la unidad nacional y al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos” (Art. 188 Constitución Nacional). Lo será para todos los colombianos, sin excepción, tanto para quienes hayan votado por él, como por los que no, hayan votado en blanco o se abstuvieron. El nuevo presidente ha de significar tranquilidad, seguridad, progreso; sería muy preocupante lo contrario: amenaza e inseguridad. Para el éxito de su difícil trabajo necesita tender puentes hacia un escenario positivo para los indispensables consensos que faciliten gobernabilidad y, desde luego, estimular la urgente reconciliación ciudadana y la colaboración del inmenso talento existente en nuestra sociedad. Aspiramos a sentirnos orgullosos de nuestro presidente, cuya solvencia ética, compromiso y liderazgo sirvan de ejemplo para los gobernantes territoriales, dirigentes políticos y sociales, servidores públicos, gerentes de empresas.

Nuestra responsabilidad no se agota con la elección del presidente, nos corresponde colaborar, desprovistos de prejuicios y resentimientos, caminemos hacia el mismo destino que permita mejorar la calidad de vida de millones de compatriotas, la convivencia ciudadana, el crecimiento de la economía, el progreso de las empresas, el respeto a la dignidad humana, la derrota a la criminalidad y la corrupción, la recuperación de la confianza en todas las esferas del poder público, con especial énfasis en la administración de justicia y, desde luego, ser merecedores del reconocimiento de la comunidad internacional.

Atrás deben quedar la intensa e improductiva polarización que ha fragmentado irracionalmente el ánimo y el talento de la sociedad colombiana. El nuevo gobierno y el Congreso de la República, recientemente elegido tienen la enorme tarea de trabajar para corregir errores e intentar innovaciones sociales que permitan solucionar numerosos problemas. Quedan muchas lecciones, entre otras, el odio, el fanatismo, la exclusión social, la violencia, la corrupción, la politiquería, solo pobreza y atraso generan.
Obstaculizar el mandato del nuevo gobernante sería una actitud irresponsable, mezquina e irresponsable. Conviene tener en cuenta que el buen ciudadano vota responsablemente. No se abstiene. Nuestra Constitución (Art. 95) señala: “... son deberes de los ciudadanos: ... participar en la vida política, cívica y comunitaria del país”.

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