Óscar Mendoza P.

Otra cara del ‘bullying’ laboral

Óscar Mendoza P.
POR:
Óscar Mendoza P.
marzo 14 de 2014
2014-03-14 03:40 a.m.
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Muchos opinan que el asunto empieza desde el anuncio clasificado: disponibilidad 7/24, carro y computador propios, sin salario fijo y que adore ‘trabajar bajo presión’. Para otros empieza con la firma del contrato y las múltiples y justificables causas para rescindir un contrato sin indemnización o las creativas formas de contratación a través de terceros. Para algunos el viacrucis empieza con el horario. Mientras en la cultura europea o americana trabajar después de las 5 p.m. se considera sobrecarga o ineficiencia, en Colombia llegar a trabajar bien temprano y salir después de las 8 de la noche es sinónimo de compromiso organizacional y ‘tener puesta’ la camiseta de la empresa.

A otros colaboradores los toca el tema de la movilidad. Es común que la vacante esté ubicada a 2 horas en transporte público del lugar de residencia o que tenga que recorrer la ciudad de extremo a extremo, arrancando y finalizando el día en la empresa para marcar tarjeta. El resultado en productividad es predecible.

Para algunos empleados, la pesadilla son las típicas frases motivadoras de muchos jefes: “afuera hay mil esperando su puesto, el informe es para ya, nos toca trabajar el domingo, este mes no se pagan comisiones, yo no soy niñera de nadie o haga lo que tenga que hacer, pero es para mañana. Y punto”.

Para muchos, su calvario son el exceso de reuniones interminables e inocuas, los interminables informes para clientes internos, sistemas de gestión de calidad mal implementados, procesos y reprocesos absurdos y costosos, políticas diseñadas por personas que nunca le ponen ‘la cara’ a los clientes o proveedores y plataformas de informática y comunicaciones que en lugar de hacer la vida fácil la vuelven una diaria carrera de obstáculos dignas de las olimpiadas.

Las bonitas y los guapos tampoco se salvan. “Si yo tuviera ese físico, quién sabe dónde estaría”, se escucha frecuentemente, y es allí cuando los ascensos y evaluaciones de desempeño muchas veces quedan en entredicho con la sombra de los intereses afectivos. Si alguien no se prestó para algún ‘torcido’ al interior de la empresa, firma su sentencia de muerte laboral. Al que protesta con o sin justa causa, lo tildan de sindicalista. Y si demanda a la empresa, es el principio de una larga y exitosa vida como desempleado.

Si colabora más que el promedio, sapo; si marca tarjeta, zángano; si hace más de lo mandado, trepador; si sabe qué peleas dar y cuáles no, oportunista; si vive pendiente de los demás, chismoso; si es seguro de sí mismo y no le importan los demás, es arrogante; si es estudioso, mamerto; poco hábil para algo, bruto; si se toma su tiempo, lento; si piensa y propone cosas nuevas, peligroso; si es de nómina e indefinido está en ‘playa alta’, y si está contratado por la temporal, está en ‘playa baja’.

Y muchas veces cuando la valentía alimenta las reflexiones, críticas o cuestionamientos, aparece la frase mágica que aquieta pasiones y voluntades: “si no le gusta, mire a ver qué hace. Búsquese otro empleo”.

Oscar Mendoza P.

Consultor

omendoza@constructordesuenos.com

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