Óscar Mendoza P.

Del ‘tarde pago’ y otras costumbres

Óscar Mendoza P.
POR:
Óscar Mendoza P.
enero 18 de 2013
2013-01-18 12:35 a.m.
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Existen en Colombia unas prácticas empresariales que porque “todo el mundo las hace” o porque no son ilegales no significa que estén bien hechas.

Quiero iniciar con el “tarde pago”, esa estrategia de pagar a 90, 120 o 150 días y que se volvió el karma de las pequeñas y medianas empresas que les proveen productos, bienes intermedios y servicios a las grandes compañías.

En menos de dos décadas pasamos de recibir pagos a 30 y 45 días al hábito de los 60 y luego al “salto olímpico” de los 3 meses y más. Siempre se escuchan las mismas frases: “esas eran otras épocas… ya nadie paga puntual… eso es culpa de las grandes cadenas que nos enseñaron eso… es que como mi negocio ya no es comercial, sino financiero… si fuera por mí yo siempre pagaría a 30 días, pero como a mí también me pagan tarde… es que toca ‘trabajar’ la platica unos días…”.

Tener capital de trabajo y músculo financiero para operar con recursos propios a 150 y 180 días es un privilegio de pocos. Y menos cuando no queda por escrito en letra grande o pequeña, no se le comunica oportuna y previamente al proveedor, y mucho menos queda explícito en el código de ética o en las buenas prácticas de la renombrada hoy RSE (responsabilidad social empresarial).

Amigos lectores, ¿no es elemental y de sentido común que RSE es pagarles cumplidamente a los proveedores para que estos no se desangren, quiebren y salgan a la calle miles de nuevos desempleados todos los meses?

Es medianamente sostenible el argumento de trabajar el dinero cuando la empresa hace arriesgadas transacciones bursátiles en cuatro continentes, es activa diariamente en múltiples paraísos fiscales, le apuesta a la variación de divisas o su flujo de caja nutre los denominados “capitales golondrina”.

O se entiende que quien intermedia en cualquier abasto con productos en cosecha o remata inmuebles para volverlos líquidos en pocas semanas necesite todo el efectivo a la mano diariamente.

Hay más ejemplos que ilustran.

Lo otro se llama descaro. Quien inicia pagando a 120 días, arrastra consigo una cadena de empresas que tienen que hacerlo, a su vez, con sus proveedores hasta que los eslabones más débiles se rompen cuando la cartera de estos últimos llega a 200 días.

Como lo decía don Adolfo Carvajal en su empresa, hay que hacer las cosas bien, siempre.

Cruzar la línea de la ética es altamente riesgoso. No podemos seguir comercializando productos con componentes nocivos prohibidos hace años por la FDA, hacernos los de la “vista gorda” cuando un cliente quiere hacer valer la garantía por un producto defectuoso, “jugar” con la publicidad engañosa hasta que alguien proteste, “colgar” en la página de internet fotografías diferentes a la realidad de lo ofrecido, líneas de atención al cliente “fantasmas” donde nunca contestan, promociones inexistentes, productos de segunda vendidos como nuevos o licitaciones amañadas con términos de referencia a la “medida” de uno de los proponentes. La RSE empieza por casa.

Óscar Mendoza P.

Consultor empresarial

omendoza@constructordesuenos.com

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