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2012-2017: megadevaluación y ajuste trunco

Luego de sufrir la mayor caída en las exportaciones desde la Gran Depresión de 1929, la economía colombiana no muestra señales de estar en recesión, como podría esperarse al observar la historia nuestra o la coyuntura de países con similar grado de petrodependencia.

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septiembre 19 de 2017
2017-09-19 10:19 p.m.
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La coyuntura actual de la economía colombiana nos muestra hechos, uno bueno y uno malo, que deberían sorprender por su rareza y que, sin embargo, hemos ignorado olímpicamente. La primera sorpresa es la excelente adaptación de la economía a la caída del precio del petróleo desde el 2013, que representa el mayor declive de las exportaciones desde la Gran Depresión de 1929. Gracias a una depreciación rápida del peso, las importaciones se ajustaron a lo largo de tres años y no observamos impacto en la producción.

En esto nos distinguimos de otros países petrodependientes, como se observa en la gráfica: de Colombia se espera el mejor desempeño entre el 2016 y el 2018 (estimado), incluso comparado con países como México o Canadá. En particular, nuestros dos vecinos, Ecuador y Venezuela, muestran las recesiones más profundas de entre las naciones en esta muestra de petrodependientes.

Ahora bien, han pasado dos años con el peso megadevaluado y la reacción de la economía comienza a ser preocupante. Si bien la respuesta inicial fue extraordinariamente positiva frente a la coyuntura externa más exigente de la historia, en la actualidad vemos que el ajuste se quedó trunco, basado en el uso de un único instrumento, la tasa de cambio, y con un solo resultado, la caída de las importaciones.

Y este es el segundo hecho que debería sorprendernos: frente a semejante devaluación, ni las demás exportaciones han crecido, ni la producción nacional ha reemplazado las importaciones industriales o agropecuarias como para llenar el hueco dejado. Si no ocurre ni lo uno ni lo otro, deberíamos estar en recesión. Sin embargo, al pasar las transacciones externas a pesos tenemos:

La caída de importaciones ha sido insuficiente; de hecho, en pesos –y gracias a esa megadevaluación, precisamente– han crecido. Entre el 2012 y el 2016, las importaciones de bienes y servicios, en términos reales, pasaron de 133 billones a 170 billones (en pesos constantes del 2012 ) con incremento de 28 por ciento, el componente de mayor crecimiento, por encima de la inversión y el consumo doméstico. En vez de sumar (lo que ocurriría si fueran dos signos negativos), el componente importado continúa restándole al producto.

Al observar las cifras de agricultura e industria, incluso el Banco de la República, en el último informe sobre inflación, descarta la industria y la agricultura como beneficiarios de esta coyuntura y busca, en cambio, una explicación en la hipótesis de que los consumidores ahora consumen más servicios –masivamente domésticos– y que es allí donde ha ocurrido la sustitución de importaciones. Según ello, los colombianos habríamos suspendido el consumo de autos, pantallas planas gigantes y celulares para cambiarlos por turismo doméstico, restaurantes, entre otros.

Si esto es así, tenemos un ajuste trunco: se devaluó sin que las exportaciones se incrementaran ni –por la paradoja que explicamos– las importaciones decrecieran.

Podríamos esperar un tiempo más para ver si el aparato productivo se flexibiliza y responde como se espera. Pero, como bien señalaba Ricardo Haussman, en estas circunstancias los colombianos deberíamos comenzar a preocuparnos por el resultado trunco de este ajuste.

Joaquín Montes
Director Dattoinfo.

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