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Acuerdos de conquista

Lo importante de los ‘acuerdos en la Habana’, no es el texto en sí, sino cómo será la aplicación y ejecución del documento durante los próximos años.

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septiembre 14 de 2016
2016-09-14 08:45 p.m.
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En 1492, el mismo año en el que Cristóbal Colón llega a América, los reyes católicos de España, Fernando de Aragón e Isabel I de Castilla, gestan una campaña de expulsión de la península ibérica de todos los musulmanes y judíos que residan allí, y que por casi siete siglos, el islam en occidente se implantó como sede de Damasco.

En la península, ciudades como Granada, Sevilla, Córdoba y Jaén, con sus emires y califas, fueron sometidos a unas capitulaciones, las cuales permitían el derecho a la vida, siempre y cuando cumpliesen las normas impuestas por la corona. Aquellos que no lo hicieran serían sometidos al santo oficio de la inquisición, liderado por el representante de la Iglesia en este tema, el presbítero Tomás de Torquemada.

El último emir de Granada, Boabdil, vivía en la imponente y hermosa Alhambra y fue sometido a los acuerdos que definieron los procedimientos por el cual, se realizaría la entrega completa de la ciudad de Granada a los reyes católicos. Para la seguridad de dicha entrega, todos los alcaldes y dirigentes de importantes cargos debían ser entregados como rehenes para asegurar la rendición completa. La población que quisiera quedarse a vivir en la misma urbe, debían, en primero, respetar los acuerdos pactados; segundo, obedecer al poder de la corona, y tercero, ser bautizados y convertidos del islam al cristianismo, lo que, finalmente, se conocería como la población morisca.

Un punto importante del acuerdo era que los habitantes de la ciudad, serían, de ahí en adelante, vasallos pertenecientes a la corona, es decir, actuarían como súbditos naturales de su poderío político, y que si esto se cumpliese serían respetadas sus vidas. Una vez rendida la urbe, por completo, los rehenes serían devueltos.

Otro asunto fundamental de las capitulaciones fue la donación de importantes territorios a Boabdil y sus descendientes por parte de la corona, tras la rendición. Esto como parte de poner fin al conflicto que desde hacía cuatro siglos se había comenzado con la expansión cristiana peninsular. Boabdil, además, debía pagar una suma importante de dinero a partir de ese momento a la corona, pactada como un impuesto, definida por 30 mil castellanos de oro, pero pagadas en maravedíes. El acuerdo finaliza, con el compromiso de los reyes católicos para facilitar y costear el viaje al exilio de Boabdil y su familia.

Durante los siguientes años, la revolución morisca reclamaba el incumplimiento de los acuerdos por parte de los reyes católicos, lo que generó, entre otros, el exilio de Boabdil en el norte de Marruecos y generó un caos en la ciudad Granadina, llevándola a décadas de revoluciones judías y musulmanas en contra de los católicos.

Lo importante de los ‘acuerdos en la Habana’, no es el texto en sí, sino cómo será la aplicación y ejecución del documento durante los próximos años, y cómo la población, quien, al final, es la que intrínsecamente vivirá el cambio, afrontará el hecho de tener que habitar con aquellos que alguna vez vivieron en, y de, la insurgencia armada.

Luis Felipe Chávez G.
Historiador
lfch1978@yahoo.com

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