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Almendras para Montealegre

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julio 11 de 2016
2016-07-11 11:03 p.m.
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Con una buena pataleta y con la ecuanimidad desbordada de alguien sin amigos, Eduardo Montealegre ha emprendido una agenda de medios con un único mensaje clave: “el gobierno me traicionó”. Lo que nadie ha entendido es que a pesar de que los poderes institucionales del Estado son independientes, el ex candidato a Embajador en Alemania se hace autobullying al afirmar que fue un damnificado político al que aplaudían en privado y criticaban mediáticamente.

Ya nos estamos acostumbrando en el país a que cada que hay una pelea interna en el Gobierno, se encienden ciertos ventiladores que estuvieron en total silencio mientras se gozaba de empatía gubernamental al calor de una promesa laboral. Todo era paz, todo era defensa visceral, enamoramiento y sonrisas, hasta que se interpuso alguien en las públicas aspiraciones de Montealegre, las cuales hoy lo hacen darle la espalda a las premisas que tanto defendió.

Algunos políticos de nuestra nación, aparentemente preparados y técnicos en los límites de competencia y sus facultades profesionales para ejercer cargos de alta dignidad, son torpes y débiles a la hora de denunciar como quinceañeras irregularidades de las cuales ellos mismos hicieron parte. Desde un Presidente que habla de “falsos positivos”, “interceptaciones ilegales”, “violaciones de derechos humanos”, en un Gobierno en el que él era el encargado de que no existieran “falsos positivos”, “interceptaciones ilegales” y “violaciones a los derechos humanos”; pasando por Roy y Benedetti, hasta un Fiscal que denuncia estrategias políticas, las cuales compartía hasta hace dos meses, los colombianos nos hemos visto sorprendidos por el menosprecio de estos personajes frente a un país anestesiado por el morbo de los desaciertos semanales de estos ejemplares.

Mientras el himno de la Guerrilla suena en el Congreso; el gobierno rompe su propio récord de paros en la mayoría de las coyunturas sociales (educación, salud, transporte, justicia); oímos frases descaradas como que “los cultivos de coca aumentaron un 39% porque subió el dólar”; nuestros niños en la Guajira siguen muriendo de hambre; los dineros de la educación son feriados entre contratistas inescrupulosos; y nuestros compatriotas siguen dejando denuncias en videos minutos antes de morir porque no los atienden en las clínicas, el descaro político se presenta en forma de candidato a premio nobel de la paz, para coaccionar opiniones públicas y denuncias bajo inexistentes calificativos guerreristas.

Lo que hace el gobierno con sus contradicciones y paños tibios al querer ser amigo de todo el mundo, no es una traición únicamente para Montealegre y su descaro institucional para deslegitimar la labor de la Fiscalía. Así como no es una traición al defensor del pueblo que el pueblo tenga que salir a defenderse de su propio defensor, o que se hable de “austeridad inteligente” mientras se fomenta el “derroche descarado”; los hilos de la nación han caído en manos peligrosas de alguien que improvisa y tartamudea sobre la marcha al calor de la infinidad de compromisos políticos que le surgen a diario por su falta de criterio y posiciones contundentes.

La traición real está dictaminada desde las aspiraciones individuales dibujadas en forma de políticas públicas fundamentadas. No es sano que los poderes públicos del Estado se confabulen y pierdan su institucionalidad y discreción con base en empatías y promesas; no es conveniente que la opinión pública y la oposición sean satanizadas bajo descalificaciones contrarias a un buen fin legítimo; no es prudente que la parsimonia gubernamental, permita que el país se paralice 34 días y deje encarecer los alimentos, los productos y los insumos en general sin que nadie tenga una posición clara. ¿O es que el Gobierno únicamente se sienta a negociar en Cuba?

Señores, no vamos bien como gobernados. Pareciera que lo único bueno que ha hecho este Gobierno es traicionar al muy cuestionado Montealegre. Creo firmemente que está llegando la hora de que personas valiosas y serias que tiene el actual Gobierno, incluso algunos presidenciales, y no hablo por Germán, empiecen a desligarse de la tibieza gubernamental y asuman posiciones contundentes que le den prioridad a lo verdaderamente significativo para esta sociedad, víctima de las contradicciones administrativas de estos últimos años.

Andrés F. Hoyos E.
Comunicador social y periodista
@donandreshoyos

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