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Análisis empírico de los informes motivados: caso cementeras

El sesgo de confirmación consiste en la posibilidad de malinterpretar la evidencia empírica sobre algún fenómeno del cual se quiere conocer su
verdadera naturaleza.

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noviembre 14 de 2017
2017-11-14 07:11 p.m.
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Agradezco a mis estudiantes haberme motivado a estudiar algunas limitaciones cognoscitivas de los agentes económicos. En este sentido, la teoría económica ha estudiado lo que se denomina sesgo de confirmación, que encuentro adecuada para entender el análisis empírico que hace la Superintendencia de Industria de Comercio (SIC) en su último informe motivado. Específicamente, me refiero al de las cementeras en Colombia.

El sesgo de confirmación consiste en la posibilidad de malinterpretar la evidencia empírica sobre algún fenómeno del cual se quiere conocer su verdadera naturaleza, en favor de aquella hipótesis que inicialmente se favorece. Francis Bacon (1561-1626), citado en Rabin y Scharg (1999), ‘First Impressions Matter: A Model of Confirmation Bias’, lo explica de forma sucinta: el entendimiento humano, una vez ha adoptado una opinión, toma todas las demás cosas para respaldar y confirmar esta (traducción propia). Las consecuencias cognoscitivas de este sesgo es que se puede llegar a creer, eventualmente, en una hipótesis falsa.

En otras ocasiones, he llamado la atención sobre la necesidad de usar la teoría económica para orientar el análisis de los problemas de competencia en el país y, a juzgar por el informe motivado mencionado, en esto hemos mejorado. Sin embargo, su utilización en este documento, como forma de pensar sobre la evidencia económica observada (cantidades, precios, participaciones, beneficios, etc.), es deplorable, y solo es entendible, en mi caso, apelando a un sesgo de confirmación, marcado por parte de la SIC. No tengo idea de la verdadera naturaleza del fenómeno observado, si las firmas conformaron o no un cartel durante el periodo investigado, y me parece entendible que exista una hipótesis que, con base en la evidencia fáctica, insumo principal de los abogados, inicialmente se favorezca la hipótesis de la existencia de un cartel. No tengo nada que decir sobre esa evidencia fáctica, ni pretendo defender una hipótesis u otra, mi punto es metodológico y se circunscribe al análisis empírico de la evidencia usando la teoría.

En términos generales, toda la evidencia empírica y cuantitativa que presenta la SIC es consistente con un oligopolio dinámico, que compite en un mercado de un bien homogéneo (cemento gris) con una demanda inelástica y sin colusión. En efecto, la SIC llama la atención sobre cómo la teoría económica (página 232) ayuda a entender que, en un contexto dinámico, un oligopolio puede sostener un acuerdo colusivo tácito (precios y cantidades cercamos a un monopolio) como un equilibrio de Nash (una situación en la que ningún agente actuando en función de su propio beneficio, tiene incentivos unilaterales a desviarse). Esto está muy bien. Sin embargo, esa misma teoría económica dice que, en una interacción repetida de un oligopolio también se puede sostener como un equilibrio de Nash, un equilibrio sin colusión. No es entendible porqué el informe no resalta esta ambigüedad en la capacidad de la teoría de caracterizar de forma univoca las interacciones dinámicas y se presenta solo una parte de la historia. En concordancia con esa interpretación, se presenta una evidencia estadística que es absurda técnicamente.

¿Cómo va ser la prueba de causalidad de Granger una prueba útil para detectar comportamiento colusivo de las firmas, si la hipótesis alterna a la causalidad no es que no hay colusión, sino que, el conocimiento del precio de una firma no sirve para mejorar el pronóstico del precio de los demás? Y peor aún, usar esto como evidencia de que el acuerdo es concertado. Más de fondo, el punto metodológico es que, a lo largo de todo el informe, la SIC se dedica a verificar las hipótesis que inicialmente favorece y nunca a refutarlas. Es decir, metodológicamente practican el verificacionismo, en oposición al falsacionismo, este último, sello de identidad del método científico.

Utilizando datos provistos por una cementera, con mis colegas Natalia Serna y Juan David Martin, especificamos y estimamos un modelo de competencia oligopolÍstica, que comparte varias características del mercado del cemento en Colombia (Porter (1983), ‘A study of cartel stability: the joint executive committee, 1880-1886)’. En nuestra aproximación, no se toma partida sobre si el comportamiento observado corresponde a un oligopolio o a un monopolio (cartel), sino que se deja que los datos hablen por sí solos y arrojen evidencia de lo uno o lo otro (incluso situaciones intermedias). Hicimos pruebas usando como mercado el mercado nacional, mercados departamentales, usando el periodo de investigación y usando periodos más largos. En términos generales, encontramos que no es posible rechazar la hipótesis de que el comportamiento observado es consistente con un mercado en competencia oligopolÍstica sin cartel. Esto contrasta con toda la evidencia estadística y cuantitativa mostrada por la SIC, y llama la atención sobre la necesidad de hacer un análisis empírico que no solo consista en verificar la hipótesis preferida, sino realmente, tratar de rechazar la hipótesis contraria. Este ejercicio, bien podría haber sido hecho por la SIC, que tienen más y mejores datos que a los que nosotros tuvimos acceso. En resumen, la SIC parece sufrir de un sesgo de confirmación que tiene origen en la utilización de una metodología de inferencia que sobrepone el verificacionismo por encima del falsacionismo como metodología de aprendizaje sobre el mundo.

Álvaro J. Riascos Villegas
Profesor, Facultad de Economía, Universidad de los Andes y
Director de Quantil.

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