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Preparemos la casa para la visita

El turismo es la primera industria no mineroenergética que genera divisas para el país: hasta junio del 2016 el aporte alcanzó US$2.610 millones.

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enero 10 de 2017
2017-01-10 07:50 p.m.
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La llegada de la paz supone un enorme desafío para posicionar a Colombia como un destino de talla internacional. El Gobierno nacional trabaja articuladamente con empresarios y organizaciones, para que cada vez más viajeros extranjeros se decidan por nuestro país para vivir la naturaleza y la cultura. Son más oportunidades para los colombianos que dedican su vida al turismo, más empleos de calidad y más dinamismo de la economía.

El turismo ya es la primera industria no mineroenergética en generación de divisas para el país: hasta junio del 2016 el aporte alcanzaba los US$2.610 millones. Además, nos ha entregado resultados tan positivos como que en los últimos diez años los turistas internacionales han crecido a un 12% ciento anual, cifra tres veces mayor a la tasa de crecimiento mundial, llegando a los 4,5 millones de visitantes en el 2016.

Esta dinámica nos hace pensar en perspectivas muy prometedoras a futuro. Solo para darnos una idea, los cálculos de la Organización Mundial de Turismo (OMT) señalan que para el 2030 los viajeros por el mundo serán 1.800 millones y se espera que el crecimiento de la actividad supere el del PIB mundial.

Muchos de estos viajeros podrán disfrutar de destinos colombianos nunca antes visitados, regiones que estuvieron apartadas por el conflicto. El Gobierno nacional estableció el turismo de naturaleza y aventura como un producto bandera en los mercados internacionales y, por consiguiente, una de las principales actividades turísticas a promocionar dentro de la estrategia de ProColombia.

Tenemos numerosos destinos, desconocidos aun, con potencial para el avistamiento de aves, senderismo, pesca deportiva y ciclismo, entre otras, las cuales atraen a un viajero con alta capacidad de gasto y consciente con el medioambiente. Por eso, confiamos que esa oferta puede impulsar el desarrollo de regiones colombianas inexploradas.

Costa Rica es un caso de éxito. Consiguió migrar de una economía extractiva a una de conservación, bajo un modelo basado en la inclusión, el crecimiento y la sostenibilidad, que hizo de la industria turística su principal motor económico. Hoy esta representa cerca del 20% del total del PIB costarricense y el 27% de la fuerza laboral, de acuerdo con el Instituto Costarricense de Turismo.

Las tendencias globales apuntan, de manera urgente y necesaria, a la implementación de acciones que preserven los recursos. Un llamado en este sentido lo está haciendo la Organización Mundial del Turismo, que declaró el 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, buscando fomentar un cambio en las políticas, las prácticas empresariales y el comportamiento de los consumidores.

Y estudiosos como Jeffrey Sachs, economista estadounidense y profesor de la Universidad de Columbia, afirman que este es un sector que puede impulsar el desarrollo económico de manera sostenible, porque al ser generador de empleo puede contribuir a poner fin a la pobreza, el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecido por la ONU.

Atendiendo a ese llamado, esta Colombia más grande que está resurgiendo, que es rural, verde, con exuberante fauna y flora, debe protegerse con actividades turísticas diseñadas bajo prácticas que no generen impactos negativos. Para ello ya contamos con ocho normas técnicas de turismo sostenible creadas por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo; y con la guía de buenas prácticas para prestadores de servicios en turismo de naturaleza, elaborada por el Programa de Transformación Productiva.

Es importante que los empresarios conozcan esta hoja de ruta porque los beneficios son reales. Por un lado, se reducen costos en servicios como agua y luz, se logra ser más competitivos al contar con sellos o certificados ambientales, se obtienen un producto diferenciado y más empleos locales; y por el otro, se ayuda a proteger los recursos naturales, culturales y patrimoniales del destino, con lo cual se hace aún más atractivo. Todo esto repercute en el crecimiento económico, la inclusión social, la reducción de la pobreza y la protección ambiental, entre otros aspectos, esenciales para consolidar la paz.

Boyacá, Huila, Meta, Casanare, Cesar, Guaviare, Vichada, Arauca, Caquetá, Norte de Santander, Putumayo y Vaupés son departamentos en los que se está construyendo una oferta turística internacional. Así el viajero extranjero descubrirá territorios como el Área Natural Única Los Estoraques, en Norte de Santander, por mencionar un ejemplo, donde hay piedras rojizas tan altas como edificios, formadas por la erosión.

De estas doce regiones que engrandecen al país en el posconflicto, tres están diversificando su oferta, pues ya tenían una promoción internacional activa; otras cuatro están desarrollando su producto, lo que significa que se identificó su vocación turística, pero aún falta su proceso de promoción; y las cinco restantes están en exploración.

La invitación es a que adecuemos nuestra oferta turística para que sea diferenciada y atractiva para el turismo internacional, pero no olvidemos el concepto sostenible con el propósito de que en los próximos años Colombia se convierta en uno de los destinos turísticos más competitivos a nivel internacional.

En este momento histórico que vive el país tenemos la responsabilidad de que el turismo continúe por la senda del crecimiento y consiga multiplicar y hacer tangibles los réditos de la paz para todos los colombianos.

Felipe Jaramillo
Presidente de ProColombia

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