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Principio de reciprocidad

La ecuación ganadora debería ser apostarle a la globalización siempre y cuando se creen condiciones para que las empresas colombianas exporten.

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diciembre 21 de 2016
2016-12-21 08:38 p.m.
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La década de los 90 pasará a la historia por ser el momento en el que el proteccionismo dejó de ser la bandera del Gobierno Nacional, para darle paso a la apertura económica, un modelo neoliberal que nació con el objetivo de abrir las puertas de Colombia al comercio internacional y liberar la economía, ajustándola a las nuevas realidades del mercado y a las transformaciones comerciales y tecnológicas a nivel mundial.

Para esto, se comenzó por la reducción gradual de las tasas arancelarias y el desmonte progresivo de los regímenes de licencia previa y de prohibida importación. También se decidió reducir, poco a poco, el impuesto a las importaciones CIF, adoptar el sistema antidumping para proteger a la industria local contra las posibles irregularidades de los importadores y manejar una tasa de cambio real acorde con las condiciones del mercado, entre otras medidas que buscaron la modernización de la economía colombiana.

No obstante, producto de este proceso la gran mayoría de empresas nacionales resultaron afectadas por no estar acostumbradas a competir con las compañías extranjeras y los empresarios solo tuvimos dos opciones: reinventarnos o cerrar. Y es que si la economía de un país no está lo suficientemente preparada para la globalización, determinados sectores de la producción quedan desprotegidos, ocasionando la liquidación de empresas y, por ende, desempleo y retraso en los procesos de industrialización.

Fue una época en la que el país enfrentó el reto de la globalización, un paso que no se dio por exigencia, ni crisis, sino por incursionar en la dinámica que el mundo estaba tomando. Sin embargo, a pesar de ir en la dirección correcta, los beneficios esperados no se dieron inmediatamente y el país enfrentó la revaluación y la inflación. Este contexto macroeconómico generó, a su vez, un golpe a la política de competitividad empresarial, lo cual desembocó en una caída de los negocios y de indicadores como la generación de empleo, tan importantes en el desarrollo económico de un país.

A esta situación se sumó la aceleración de la apertura económica que propició las condiciones necesarias para que las empresas del exterior se pudieran radicar en el país, siendo diferentes las oportunidades para los colombianos que quisimos abrir mercado en otras naciones, porque nos enfrentamos a unas barreras de entrada muy sólidas, que blindaron los deseos de expansión de muchos empresarios, sencillamente porque en estos países la protección a la industria nacional farmacéutica y a muchas otras, es una política de Estado muy bien establecida.

Por lo tanto, si en Colombia es difícil la tarea de lograr que un negocio se convierta en exitoso, mirar hacia el exterior, lo es aún más.

Hoy, casi 25 años después, la situación no ha cambiado mucho. Los industriales colombianos tenemos que competir contra multinacionales que llegan al país con exención de impuestos, músculo financiero, subsidios en los países de origen y otras medidas que nos dejan en unas condiciones de desigualdad e inequidad frente a las del exterior.

El Gobierno Nacional ha sido enfático en defender la protección de la inversión extranjera, pero no ha tenido la misma actitud frente a otros países, solicitando que se respete el principio de reciprocidad para que los colombianos tengamos opción de vender nuestros productos en el exterior.

Hace cerca de cuatro décadas el Grupo AVE empezó operación en el país y gracias a un trabajo perseverante ha logrado que sus productos lleguen a mercados tan lejanos como los asiáticos, siendo la única farmacéutica colombiana con plantas en Chile y México (Querétaro), situación que no hubiese sido posible sin el desarrollo de tratados de libre comercio.

Sabemos la gran oportunidad que representan este tipo de alianzas para el desarrollo de las organizaciones. La Alianza del Pacífico, por ejemplo, ha permitido que las empresas colombianas tengan en sus planes comercializar y producir sus productos en otras economías, situación contraria a la de otros países que han cerrado sus puertas al importador como Argentina y Brasil, a pesar de pedir a gritos a la región que a ellos sí se les abran las fronteras.

Por lo tanto, la ecuación ganadora debería ser apostarle a la globalización siempre y cuando se creen condiciones para que las empresas colombianas puedan ofrecer productos en el exterior y simultáneamente permitir que los extranjeros puedan invertir con seguridad en el país, ya que de lo contrario es imposible lograr una verdadera apertura justa y comprometida con todos los sectores productivos.

En este escenario es ideal que el Gobierno colombiano acompañe a los empresarios para exigirles a los demás países el principio de reciprocidad, tan importante para lograr una balanza comercial positiva y equilibrada. Un principio de reciprocidad en el que si Colombia acuerda con un país contraparte facilidades de política comercial, este haga las mismas concesiones.

Es por esto que hacemos un llamado al Gobierno Nacional para que trabajemos en conjunto, con el propósito de alcanzar empresas colombianas competitivas tanto interna como externamente, ya que como nosotros hay muchas compañías más que están saliendo al exterior dejando el nombre del país en alto en materia de calidad e innovación, pero necesitamos reglas claras y recíprocas para seguir compitiendo.

Marco Antonio Avella
Presidente Grupo AVE

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