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Alemania representa el mayor problema de la eurozona

La unión monetaria fracasará si solamente beneficia a los acreedores.

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mayo 13 de 2016
2016-05-13 06:51 p.m.
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¿Por qué la manera de pensar convencional alemana acerca de la macroeconomía es tan peculiar? Y ¿realmente importa? La respuesta a la segunda pregunta es que tiene una gran importancia.

Una parte de la respuesta a la primera pregunta es que Alemania es un acreedor. La crisis financiera le ha proporcionado voz y voto dominantes en los asuntos de la eurozona. Ésta es una cuestión de poder, no de que sea lo correcto.

Los intereses de los acreedores son importantes. Pero son intereses parciales, no generales.

Las recientes quejas se han concentrado en las políticas monetarias del Banco Central Europeo (BCE), particularmente en las tasas de interés negativas y en la flexibilización cuantitativa. Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas de Alemania, incluso afirmó que el BCE era en gran parte responsable del aumento de la popularidad de Alternativa para Alemania, un partido en contra del euro. Esto representa un extraordinario ataque.

POLÍTICAS DEL BCE

Las críticas a las políticas del BCE son diversas: hacen innecesario que los miembros recalcitrantes realicen reformas; no han logrado reducir el endeudamiento; minan la solvencia de las compañías de seguros, de los fondos de pensiones y de los bancos de ahorros; escasamente han mantenido la inflación por encima de cero; y fomentan el descontento con el proyecto europeo. En resumen, las políticas del BCE se han convertido en una gran amenaza para la estabilidad.

Todo esto concuerda con el punto de vista alemán convencional. Tal y como lo sostiene Peter Bofinger, un herético miembro del consejo de expertos económicos de Alemania, la tradición se remonta a Walter Eucken, el padre del influyente ordoliberalismo de la posguerra.

Según este enfoque, la macroeconomía ideal tiene tres elementos: un presupuesto equilibrado en casi todo momento; una estabilidad de precios; y una flexibilidad de precios.

Éste es un enfoque razonable para una economía pequeña y abierta. Es factible para un país más grande, como Alemania, con industrias comercializables altamente competitivas. Pero no se puede generalizar en una economía continental, como la de la eurozona. Lo que funciona en Alemania no puede funcionar en una economía tres veces mayor y mucho más cerrada al comercio exterior.

Hay que tomar en cuenta que durante el último trimestre de 2015, la demanda real de la eurozona fue un 2 por ciento menor que durante el primer trimestre de 2008, mientras que la demanda de Estados Unidos fue un 10 por ciento mayor.

Esta severa debilidad de la demanda está ausente de la mayoría de las quejas alemanas.

El BCE está justamente tratando de evitar una caída en espiral hacia la deflación en una economía que sufre de una demanda crónicamente débil.

BAJAS TASAS DE INTERÉS

Mario Draghi, presidente del BCE, insiste en que las bajas tasas de interés establecidas por el banco no son el problema. Son en cambio “el síntoma” de una insuficiente demanda de inversión.

La historia de la economía alemana desde sus reformas del mercado laboral de la década de 2000 demuestra que la “reforma estructural” es muy poco probable que resuelva este problema.

El hecho macroeconómico más importante acerca del país es que es incapaz de absorber casi un tercio de sus ahorros internos nacionalmente, a pesar de tasas de interés ultrabajas.

En 2000, antes de las reformas - las cuales redujeron los costos de mano de obra y los ingresos de los trabajadores- las empresas alemanas invirtieron sustancialmente más que sus ganancias acumuladas. Actualmente sucede lo contrario. Con hogares en superávits y con un gobierno en equilibrio, un vasto superávit externo ha surgido debidamente.

¿Por qué debieran otros ser capaces de usar productivamente los ahorros que los alemanes aparentemente no pueden usar? ¿Por qué debieran las reformas estructurales en otros países, como propone Alemania, generar la expansión de la inversión de la que carece nacionalmente? ¿Por qué, y no menos importante, debiera esperarse que el endeudamiento hubiera disminuido cuando la demanda y el crecimiento global son tan débiles en la eurozona en conjunto?

Lo que ha sucedido, en cambio, es que la eurozona se ha convertido en una Alemania más débil. Se espera que la balanza de la cuenta corriente de la eurozona cambie hacia un superávit por casi un 5 por ciento del producto interno bruto (PIB) entre 2008 y 2016. Se prevé que cada uno de los miembros esté en equilibrio o en superávit. La eurozona depende de la disposición de otros países de permitir el gasto y el endeudamiento de los cuales actualmente se abstiene.

Sin embargo, el resto del mundo también está actuando con cautela. El BCE ha adoptado tasas reales (y nominales) negativas porque los ahorros adicionales en la actualidad valen tan poco. También ha aprendido de los terribles resultados del aumento de las tasas de interés en 2011.

La flexibilización que ha adoptado desde 2012 está, finalmente, dando resultado en una significativa, aunque inadecuada, recuperación: la demanda real ha aumentado en un 4 por ciento desde su punto más bajo durante el primer trimestre de 2013; y la inflación subyacente, aunque solo alrededor del 1 por ciento, se ha finalmente estabilizado. Esto no representa fracaso. Representa éxito.

Inevitablemente, estas políticas son impopulares en los países acreedores. Pero el argumento de que la amenaza es una política monetaria excesivamente flexible hace caso omiso de los peligros planteados por un endurecimiento excesivo.

ENDEUDAMIENTO REAL

Además asume que la deflación no plantearía problema alguno. Sin embargo, aumentaría el endeudamiento real; socavaría la flexibilidad de los salarios reales; e incluso perjudicaría la eficacia de la política monetaria, ya que sería mucho más difícil generar tasas de interés reales negativas cuando fuera necesario. Una espiral inflacionaria sería una amenaza mucho mayor que las tasas de interés negativas.

Por encima de todo, la eurozona fracasará si solamente beneficia a los acreedores. Las políticas deben ser equilibradas. La determinación del BCE para evitar la deflación es una parte importante de ese objetivo.

El logro de una demanda más equilibrada a nivel nacional es otro. Una enorme deficiencia de la demanda (en relación con la oferta agregada) en la mayor economía de la eurozona es extremadamente problemática. El “procedimiento de desequilibrio excesivo” de la Unión Europea debería ser mucho más crítico de los superávits de Alemania.

Las ideas y los intereses de Alemania son de gran importancia para la eurozona. Pero no debieran determinar todo. Si los alemanes creen que esto debilita fatalmente la legitimidad del proyecto europeo, deben utilizar su opción de salida.

El hacerlo también implicaría aceptar una gran alteración a corto plazo. Pero, siempre y cuando el país se mantenga dentro de la eurozona, también deberá aceptar que el BCE tiene una labor que realizar.

Si el BCE realiza esa tarea, no hará que la eurozona funcione bien. Pero es, sin duda, una contribución esencial al logro de tal fin.

Martin Wolf
Columnista del Financial Times

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