Análisis ‘Trumpetazo’ a la globalización, 20 de diciembre | Opinión | Portafolio
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‘Trumpetazo’ a la globalización

Estados Unidos debe concentrarse en lo suyo: incorporar más conocimiento e innovación en su producción para aumentar sus exportaciones.

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diciembre 19 de 2016
2016-12-19 07:44 p.m.
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Hay incertidumbre acerca del gobierno de Trump, que merece evaluarse para estar preparados ante cualquier escenario posible. Se avecinan cambios fuertes en la posición de Estados Unidos acerca de la mundialización corporativa y productiva; la aceleración y profundización del cambio tecnológico y cultural, y el cambio climático y la degradación ambiental.

El sustento teórico neoclásico de la globalización es el de derribar barreras arancelarias entre los países, para ampliar los mercados y así permitir el acceso más generalizado de todos al ‘desarrollo’. Sin embargo, la teoría neoclásica ha cambiado: ya no estamos en una “sociedad de plena competencia, información igual para todos y de rendimientos decrecientes que lleva a la convergencia entre países y estratos sociales”, sino en una sociedad de “competencia imperfecta, información asimétrica y rendimientos crecientes”, que lleva a la divergencia entre estratos, entre los más ricos y el resto de la sociedad, como lo prueban teóricamente Romer, Sitglitz y Krugman, y en la práctica Piketty.

El factor realmente móvil es el del capital y ha resultado en hechos positivos y negativos.
La globalización es paradójica porque genera el distanciamiento creciente entre sectores y estratos de la sociedad en países como EE. UU., mientras que contribuye al acercamiento o convergencia entre las naciones ‘emergentes’ y las ‘centrales’, o de más altos ingresos, como es el caso de China, que aprovechó su oferta de mano de obra barata y potencial de mercados, se industrializó y avanzó tecnológicamente acogiendo capital y conocimiento de las multinacionales (sus niveles de ciencia, tecnología e innovación han crecido espectacularmente en los últimos 30 años).

El nobel de economía 2015, Angus Deaton, señala que la diferenciación entre estratos es propia del crecimiento económico, pero su aumento desproporcionado vulnera y llega a desestabilizar la democracia, y lo expresa con especial preocupación sobre EE. UU.
De manera pasajera, los países que solo ofrecieron sus recursos naturales como commodities y no invirtieron en cambio tecnológico en la coyuntura de gran crecimiento de China e India, sufren actualmente las consecuencias de la desaceleración mundial de comercio desde el 2015, poniendo en riesgo los logros de una buena porción de la población, que ascendió a ‘clase media’.

Esto se desvanece con la desaceleración mundial y genera la necesidad de captar más impuestos para compensar la pérdida de exportaciones de hidrocarburos y minerales, con el riesgo de gran molestia social.

Tal es el caso de Colombia, que no ha invertido de manera responsable en ciencia, tecnología e innovación, que deberían resultar en mayor productividad y competitividad. No solo con infraestructura se logra la competitividad.

Las compañías multinacionales norteamericanas trasladaron sus fábricas a países con menos costos laborales y exigencias como las ambientales y perdieron, por lo menos, 5,4 millones de empleos manufactureros y 82 mil fábricas entre 1997 y el 2013, beneficiando a Asia; Trump y Sanders oyeron ese reclamo de los trabajadores estadounidenses sin empleo, y Trump apeló a exacerbar ese temor y clamor, y el ‘nacionalismo’, basado en la discriminación social de sexo, raza, credo, origen, en las costas y centro de EE. UU., entre intelectuales y el resto de la sociedad, que captó una sumatoria de descontento popular con la política convencional.

Las nominaciones de opositores al cambio climático, al sistema de salud, a la ayuda estatal en la dirección de la agencia de protección ambiental, de salud, de vivienda y otras entidades, indican cambios fuertes que tendrán efectos mundiales. Los resultados de las elecciones de EE. UU., manifiestan el temor de su sociedad ante el cambio tecnológico y social relacionado con la globalización ‘corporativa’, que ha beneficiado principalmente a los estadounidenses más ricos, así como a los países que acogen la inversión norteamericana.

La inversión en infraestructura de cemento generará empleo, las energías renovables y los autos eléctricos seguirán adelante, pues los costos casi se equiparan y muchos estados están enfocados hacia ellas. Sin embargo, las importaciones y la mano de obra local más costosas, generarán inflación, que afectará al grueso de la población, mientras que los más ricos seguirán ganando más, con menos impuestos. La crisis inmobiliaria del 2008 dejó el terreno abonado, y aunque Clinton propuso impuestos progresivos, no fueron convincentes sus nexos con Wall Street; los jóvenes de Sanders, no tuvieron el mismo entusiasmo ante Clinton.

Estados Unidos debe concentrarse en lo suyo: incorporar más conocimiento e innovación en su producción para aumentar sus exportaciones altamente sofisticadas y generar oportunidades novedosas. Los empresarios y la sociedad conscientes del cambio global, tendrán un papel fundamental.

Carlos Fonseca Zárate
Decano de Ciencias Económicas, Administrativas y Contables, U. del Sin

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