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Atrapados en dilemas
de prisioneros

Se conocen como ‘el dilema del prisionero’, situaciones en las que dos individuos se niegan a cooperar pensando que maximizarán sus beneficios.

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agosto 18 de 2016
2016-08-18 10:00 p.m.
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Se conocen como ‘el dilema del prisionero’, en las ciencias sociales, situaciones en las que dos individuos se niegan a cooperar pensando que maximizarán sus beneficios, ignorando que al armonizar sus opciones ambos sacarán provecho. La ausencia de cooperación conduce a una situación peor para ambos debido a su desconfianza.
Los frenéticos cambios de la sociedad actual nos están llevando a diferentes tipos de ‘dilemas de prisionero’ entre grupos sociales. Los ejemplos abundan. En reciente editorial en Portafolio (‘Así no se puede’), se analizaba el caso de Epsa, empresa que decidió terminar un contrato de construcción de redes eléctricas ante la imposibilidad de negociar con las comunidades locales (o de los que pretenden serlo) para garantizar el trazado de nuevas líneas. Conclusión, el proyecto no se hace, quienes justamente hubiesen recibido algún tipo de compensación no la reciben, y Buenaventura probablemente verá en unos años comprometida la oferta de energía eléctrica. Similar situación enfrenta Armenia, ante la imposibilidad de construir la línea Barbas Bremen por parte de la EEB.

La ausencia de cooperación, desconfianza o mala fe es un reto cotidiano de los sectores de infraestructura, minería legal o explotación de hidrocarburos, y lleva a que muchos proyectos no se realicen, así cumplan con los requisitos formales y legales. Los riesgos para las empresas son enormes, y ante la reciente sentencia de la Corte Constitucional, que faculta a las entidades territoriales para regular la presencia de muchas de estas actividades, han aumentado. Tener voz en plebiscitos locales, o negociar con alcaldes y concejos es una labor compleja para los operadores y profundizará este escenario de dilema de prisionero.

El debate político actual conduce a que las sociedades se radicalicen, lo que impide tomar decisiones. El Congreso de EE. UU., con sus Coffee and Tea Parties, es un ejemplo de este tipo de escenarios. ‘La política de la rabia’, como la llamó The Economist, da prevalencia a posiciones demagógicas y facilistas que imposibilitan el consenso. La incapacidad del establecimiento para tomar decisiones también se refleja en la animadversión que ha generado la Unión Europea entre sus habitantes, lo que, en opinión de algunos, ha llevado a ejemplos escandalosos como su inacción durante la guerra de los Balcanes.

La irascibilidad de las redes sociales, cuya profundidad de análisis en 140 caracteres deja mucho que desear, la ‘necesidad’ de pronunciarse en caliente sin verificar los hechos ni analizar las opciones, sumada a la desconfianza hacia los medios tradicionales que se perciben como cómplices de los poderosos, son otros factores a tener en cuenta. Somos prisioneros de quien grite más duro u opine más rápido. Vivimos en un mundo 50/50, donde la mitad de la sociedad enfrenta a la otra mitad sin estar dispuesta a sacrificar y cooperar para lograr las soluciones y políticas que, aunque quizá no sean del todo satisfactorias para unos, nos beneficien a todos.

Así, es probable que la campaña que se avecina sobre el plebiscito sobre la negociación de paz nos lleve a un indeseable escenario ‘posplebiscito’ de ganadores y perdedores absolutos, creando dificultades adicionales. Metidos como estamos en este dilema del prisionero en tantas actividades y facetas de nuestras vidas, debemos al menos hacer un esfuerzo por escuchar y entender las razones de los demás para trabajar unidos por una Colombia en paz.

Luis Fernando Samper
Presidente 4.0 Brands
luis.samper@4point0brands.com

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