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¿Basilea IV?

Tras fortalecerse la regulación del sistema bancario, la atención se centra en la complejidad de los indicadores de capital adecuado entre bancos.

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enero 05 de 2017
2017-01-05 11:20 p.m.
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Dentro de pocos meses Basilea III pasará a ser parte de la historia de la regulación financiera internacional, y no porque se haya decidido abandonar su estructura regulatoria, o porque haya perdido vigencia, sino porque se considera que su etapa de implementación debe concluir y dar paso a una nueva fase.

El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha informado que trabaja en la calibración final de la estructura de las reformas poscrisis orientadas a reducir la variabilidad en los activos ponderados por nivel de riesgo entre instituciones y a fortalecer la confianza en el capital basado en riesgo como indicador de la solvencia de los bancos.

Para llegar a estas propuestas se circularon para consulta documentos tendiente a conseguir acuerdos mínimos sobre la forma más precisa de capturar los riesgos, revelarlos y hacerlos más comparables entre bancos. En la discusión también se han tenido en cuenta los ejercicios de impacto en las entidades realizados por el Comité.

La esencia de las nuevas propuestas continúa siendo los requerimientos de capital regulatorio basado en riesgo, pero ahora en un marco de mayor sensibilidad, simplicidad y comparabilidad entre bancos, complementado por indicadores de endeudamiento y liquidez. A esta nueva etapa de regulación se llega luego de circular para consulta los enfoques estándar y de calificación interna de riesgo de crédito (2013 y 2015) y los enfoques de Indicador Básico y Estandarizado de riesgo operacional (2014 y 2016), revisiones que complementaron las realizadas en los modelos de riesgo de mercado y de crédito de contraparte.

Se aumenta la granularidad en la calificación de la cartera de créditos y se revisan ponderaciones del libro de tesorería, como deuda pública, titularizaciones y derivados. Adicionalmente, se ha considerado acompañar el indicador de solvencia con unos pisos de capital basados en enfoques estandarizados de medición de riesgos, a fin de garantizar unos niveles mínimos de capital, y con un indicador de apalancamiento financiero, de tal manera que contribuyan al control del nivel de endeudamiento de las entidades y a mitigar los riesgos de modelo y los errores de medición surgidos de los enfoques de modelación internos.

Obviamente, estas revisiones implicaron un estudio comprensivo de impacto para probar diferentes escenarios de cambios en las anteriores metodologías.

Se trata de garantizar que las entidades mantengan indicadores de capital acordes con sus niveles de riesgos, que las metodologías estén bien definidas, que hayan sido bien calculados y que los resultados se puedan comparar con los de otras instituciones. Que las diferencias que existan entre ellos correspondan efectivamente a diferencias en los niveles de riesgo y no a problemas de definición y medición. En este sentido, con la revisión es posible que las posiciones más riesgosas de una entidad requieran aumentar el capital regulatorio, pero al mismo tiempo, las menos riesgosas podrían disminuirlo.

El objetivo, se ha señalado, no es aumentar automáticamente los requerimientos de capital, sino medir mejor el riesgo y hacerlo más comparable entre bancos y tener mayor simplicidad para su lectura e interpretación. Por supuesto que en casos aislados y atípicos, podría requerirse de más capital.

Estas iniciativas son el resultado de otros documentos circulados para consulta en los últimos seis años luego de Basilea III, cuya cronología ha seguido el propósito de mejorar la revelación de información de riesgos, reducir la excesiva variabilidad en el capital regulatorio y fijar pisos de capital para los bancos.

Al mismo tiempo, el Comité ha venido evaluando en sus jurisdicciones, aunque también se ha hecho para otros países, el cumplimiento de Basilea III en términos de su oportunidad, consistencia y cumplimiento global. Como se recuerda, estas medidas regulatorias profundizaron Basilea II, pero se destacaron porque introdujeron un tratamiento de prevención de crisis sistémicas, para lo cual se diseñó un enfoque de regulación macroprudencial. Y aunque las propuestas del Comité en materia de regulación financiera no son de obligatorio cumplimiento, en la práctica se convierten en punto de referencia internacional para las diferentes jurisdicciones.

En síntesis, luego de haberse fortalecido sustancialmente la estructura regulatoria del sistema bancario, la atención se centra ahora en la complejidad y comparabilidad de los indicadores de capital adecuado entre bancos. Las nuevas iniciativas se mueven a la exigencia de información más transparente, oportuna y comparable entre instituciones al tiempo que se busca mejorar su calidad y contenido, para lo cual se establecen unos principios de revelación del riesgo en el sentido de que ella sea clara, balanceada y entendible, incluya las principales actividades y riesgos del banco, presente información relevante y refleje cómo la manejan, sea consistente en el tiempo, comparable y provista de forma oportuna.

Algunas revistas internacionales y analistas se han referido a estas iniciativas como Basilea IV, aunque también podrían considerarse como la conclusión de Basilea III. Como quiera que sea, lo cierto es que antes que finalice el año se producirían las nuevas propuestas, las cuales van a requerir la revisión y actualización de metodologías y, en algunos casos, la implementación de nuevas.

Y para que haya comparabilidad y transparencia se requiere de revelación. Y esa es la otra gran propuesta que impulsa la revisión del Pilar 3 de Basilea II sobre requerimientos de revelación de información en una estructura consolidada, circulado para comentarios en marzo pasado. Comprende tanto las metodologías como la información, por ejemplo, los requerimientos de capital y la forma de cálculo y en general los métodos de valoración del riesgo que entran en el cálculo; para las metodologías internas se plantearon requerimientos más detallados de supervisión.

Cabe señalar que aunque el alcance definido por la propuesta son los bancos internacionalmente activos, la misma resulta de interés a un nivel más amplio del sistema financiero. Las autoridades de regulación y supervisión y las entidades financieras van a tener nuevos documentos que estudiar este año.

Eduardo Jara Buitrago,
Consultor experto en temas financieros.
Eduardojarabuitrago076@gmail.com.

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