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Ocupémonos del problema real

Por décadas se ha dado como razón inapelable que el conflicto armado es responsable de las brechas sociales y económicas en muchos territorios del país.

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abril 09 de 2018
2018-04-09 09:19 p.m.
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Por décadas se ha dado como razón inapelable que el conflicto armado es responsable de las brechas sociales y económicas en muchos territorios del país. Sin embargo, al producirse el paso político de firmar la desmovilización del grupo guerrillero más significativo, lo que suponía un cambio monumental en las dinámicas de convivencia y desarrollo en gran parte de estos lugares, la situación no varió. Como era de esperarse, lejos de perfilarse un cambio positivo, los últimos años han mostrado un deterioro importante en los índices de violencia y de pobreza multidimensional, así como un retroceso generalizado en la percepción de seguridad.

Desde la firma del acuerdo, las hectáreas de coca sembradas pasaron de 48 mil en el 2012 a más de 180 mil en el 2017, con las ya conocidas consecuencias destructivas a lo largo del proceso de producción y venta de este tipo de negocio.

Lo anterior era de esperarse, cuando las causas reales de la violencia, que han sido por un amplio periodo de tiempo analizadas, debatidas y sistematizadas, no se han enfrentado de manera efectiva. Los esfuerzos para cerrar las brechas de atención de condiciones básicas desde el Estado a través de los últimos seis gobiernos han sido infructuosos en sus resultados. Ahora bien, en el punto central de esta incapacidad para lograr resultados positivos está el hecho de que en ningún momento en estos territorios se ha logrado generar una actividad económica en la legalidad que, a partir de procesos de desarrollo regional, debidamente estructurados, impulse a la sociedad de estos territorios hacia un futuro caracterizado por el bienestar y el desarrollo social.

Esta necesidad de generar economía es lo que lleva a destacar experiencias demostradas desarrolladas por el sector privado, que de una manera silenciosa ha generado dinámicas de inclusión económica que han permitido mejorar la calidad de vida en estos territorios. Se trata de procesos exitosos que han requerido del apoyo del Estado en materia de acceso a servicios públicos. De aquí la razón de ser del premio Emprender Paz, cuya convocatoria para el 2018 está hoy abierta. Un premio que lleva más de 10 años haciéndole un reconocimiento a experiencias empresariales que hacen paz a partir de una lógica de negocio y que previenen o transformar las causas generadoras de la violencia en los territorios, mejorando las condiciones de vida de población víctima de grupos armados al margen de la ley.

En la coyuntura actual del país, en la cual hablar y disertar sobre la paz es tendencia, parece esperanzador encontrar actores de la sociedad que decidieron enfrentar riesgos y obstáculos para construir paz, mirando con optimismo territorios con el convencimiento de que es posible crear en ellos una nueva lógica de convivencia, respeto y dignidad. Al revisar algunas de esas historias publicadas en la página web del premio Emprender Paz, se evidencia una diferencia: el interés genuino de directivas de empresas de incluir estratégicamente en su cadena de generación de valor a personas, comunidades o territorios que les permitan solucionar necesidades del negocio, crear mercado o desarrollar canales de distribución, y a su vez, generar capacidades, oportunidades y razones para permanecer en la legalidad.


Beatriz E. Moreno
Directora, Premio Emprender Paz

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