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Análisis

Café e inequidad

Aunque el mercado de los cafés especiales ha generado un mayor ingreso, esa remuneración no compensa el incremento en los costos de los productores.

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junio 06 de 2017
2017-06-06 10:35 p.m.
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La inequidad es uno de los temas centrales de nuestros tiempos. Millones de ‘indignados’ se han hecho sentir en las más diversas regiones del planeta, protestando contra lo que perciben es un sistema que favorece a una minoría que siempre encuentra la manera de mejorar sus condiciones a expensas de los demás. Con ocasión del próximo Foro Mundial de Productores de Café, que se llevará a cabo en Medellín, en el que se discutirá esencialmente el tema de la inequidad en la cadena de valor de este sector y los riesgos que esta le genera a la industria en su conjunto, vale la pena hacer un recuento sobre la evolución del valor de la industria cafetera y los principales indicadores de apropiación del ingreso entre sus actores.

Desde la perspectiva de la distribución del ingreso, de acuerdo con cifras de la OIC, la participación de los países exportadores en el precio de una libra de café, vendida en un supermercado, se mantuvo en un promedio de 26,9 por ciento entre 1965 y 1989. Con la llegada del mercado libre del café, a partir del fin del arreglo de cuotas de la OIC, la gobernanza de la cadena de valor del grano quedó claramente en manos de la gran industria y la participación de los países productores en el precio total se redujo sustancialmente, alcanzando un promedio del 17,1 por ciento en los 20 años siguientes, es decir entre 1990 y 2009.

El mercado libre, así como los cambios demográficos y los gustos del consumidor, también trajeron oportunidades para ciertos segmentos de la industria. El surgimiento de los cafés especiales, o ‘segunda ola’ de la industria cafetera, permitió premiar la calidad y el esfuerzo en materia de sostenibilidad para amplios grupos de productores.
En la medida en que el café creó nuevas ocasiones de consumo ‘fuera del hogar’ con la venta de café preparado, el valor de la industria se expandió significativamente, llegando a un estimado superior a 200 mil millones de dólares en el 2016 frente a montos que apenas superaban los 40 mil millones a comienzos de los años 90.

El crecimiento del valor de la industria del café también está asociado con la expansión de las tiendas especializadas y con el desarrollo de nuevos sistemas de preparación personalizados, como los de Nespresso o Keurig. Este mayor ingreso no necesariamente debe interpretarse como una apropiación de ingreso exagerada e indebida por negocios que han traído innovación y han contribuido a dinamizar el consumo. Sin embargo, desde la perspectiva de la distribución del ingreso generado entre actores de la cadena, el valor de las exportaciones de países productores, estimados en 19,2 mil millones de dólares en el 2015 por la OIC, cayeron a menos del 10 por ciento del ingreso total de la industria. Esta cifra es apenas el 69 ciento de los 28 mil millones de dólares que la industria del café genera a los gobiernos federales y locales de Estados Unidos en impuestos, de acuerdo con la National Coffee Association. En otras palabras, las diferentes ramas del gobierno de ese país reciben de la industria cafetera el equivalente a aproximadamente 1,5 veces los ingresos por exportación de café de todos los países productores.

Aunque, en términos absolutos, el mercado de los cafés especiales ha generado un mayor ingreso a los productores frente a los segmentos convencionales del mercado, esa mayor remuneración no ha compensado el incremento en los riesgos y costos que enfrentan los productores. Por una parte, las primas por cafés especiales y por calidad fueron en un principio significativas, pero posteriormente han descendido por una mayor oferta relativa de cafés de mayor calidad o certificados. Por otra parte, las dificultades de mantener precios estables para el productor se complementan con un gran número de acuciantes retos: cambio y variabilidad climática, incremento en los costos laborales unitarios y en los insumos, mayor volatilidad de los precios, migración a centros urbanos, estrictas regulaciones y altos costos de transacción de una gran mayoría de los 25 millones de productores en el mundo.

Estos mayores riesgos involucrados en producir café plantean serios cuestionamientos en torno al futuro de su producción y generan una gran vulnerabilidad a la industria en su conjunto. Actualmente, cerca de dos terceras partes de la producción mundial se concentra en apenas tres países productores, Brasil, Vietnam y Colombia, cada uno especializado en un tipo de café. Muchos países productores, que hace un par de décadas eran significativos, han perdido protagonismo. La inequidad ha generado una situación estructural de fragilidad compleja y difícil de enfrentar, preocupando a la industria sobre el futuro, la variedad y la calidad de su abastecimiento.

¿Cuál es, entonces, la solución? Si los productores no van a recibir ayudas y cooperación de sus clientes indefinidamente y la economía capitalista no es una economía de favores, el reto es buscar estrategias competitivas que no solo se basen en productividad y que permitan alcanzar diferenciación para facilitar la apropiación de valor a los agricultores.
La nueva estrategia deberá considerar cómo el fenómeno de la ‘tercera ola’ del café, con su énfasis en contenidos, compras directas y el origen del producto, puede ser aprovechable para escalar modelos de negocio de países de origen. Será también necesario incorporar elementos de la economía del conocimiento e instrumentos de mercado que mejoren la posición de los cafeteros en la cadena de valor. En ese contexto, entender y aprovechar estrategias de marca y denominación de origen como activos de productores que permiten segmentar y alterar la gobernanza de la cadena deben ser temas a considerar en Medellín.

Luis Fernando Samper
Director de 4.0 Brands

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