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El poder de las formas

El mensaje que entrega un sector importante de la opinión es que hoy la mayor preocupación no está en los logros del gobierno local.

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agosto 01 de 2017
2017-08-01 09:11 p.m.
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Durante mucho tiempo hemos aprendido –especialmente, quienes nos dedicamos al arte de gerenciar– la importancia de los resultados. Se nos enseña que nuestra responsabilidad es de resultado y no simplemente de medios. Eso tiene algo de verdad: nadie contrata a un gerente para que lo intente, sino para que logre unos objetivos.

Desde que se institucionalizó el voto programático en Colombia, por ejemplo, la premisa es la misma: elegir a un gobernante por su programa de gobierno y por la expectativa de obtener los resultados allí definidos. Gracias a ello, los colombianos podemos evaluar el desempeño de nuestros elegidos para regir ciudades y regiones de acuerdo con lo que propusieron.

Esa medida ha superado, por buen tiempo, el filo del análisis en un país necesitado de resultados y de efectividad en diferentes campos, entre ellos, la lucha contra la violencia y el crimen organizado, y la búsqueda de la paz.

Los gobernantes, como gerentes de lo público, son elegidos para que den resultados, pero cada vez se hace más necesaria la pregunta sobre los cómos: ¿se deben lograr esos resultados a cualquier costo, sin observar las formas?

Sería dañino para el país hacer caso omiso a esta cuestión. Ese esquivo concepto que nombramos ética y que nos remite a la reflexión sobre los códigos y sobre qué tan laxos o qué tan amplios somos en nuestras formas para interpretar y comprender lo legal e institucional, se hace preponderante en estos días.

Con los asuntos recientes que se han registrado en el país, es inevitable que regrese, con insistencia, el clamor por las formas, especialmente ante el debilitamiento de las instituciones y de la confianza que los ciudadanos depositan en ellas.

En estos días, se han publicado numerosas opiniones sobre el Gobierno de Medellín, a propósito de recurrentes críticas a su gestión y a lo sucedido con el Secretario de Seguridad. El mensaje que entrega un sector importante de la opinión, es que hoy la mayor preocupación no está en los logros del gobierno local, pues quizá aún no es tiempo de juzgarlos, pero sí hay una clara inquietud por las formas. Eso que algunos llaman “el estilo del gobierno”.

Medellín trasegó los momentos más difíciles de su historia de la mano de un modelo de transformación basado en la confianza entre las instituciones para hacer cambios, en la capacidad de diálogo, incluido en este las opiniones divergentes de sus ciudadanos.
El gobierno actual tiene la responsabilidad y el reto de conservar ese camino en la construcción de lo público, en la defensa de las instituciones por encima de personalismos y en la garantía de que los resultados deben estar respaldados por la capacidad técnica, la solidez institucional y la búsqueda del bien colectivo.

Eso solo se logra al devolver el poder a las formas y a los medios que se emplean para establecer relaciones y obtener resultados. Aquellas formas a partir de las cuales tramitamos y vivimos nuestras ciudades, y, sobre todo, con las que tejemos lazos de confianza.

Claudia Restrepo
​Exvicealcadesa de Medellín

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