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La ficción del deseo

La magia de una fotografia, que inmortaliza una sonrisa, es el reflejo de la ilusión de suponer que esa sonrisa durará para siempre. 

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noviembre 17 de 2016
2016-11-17 09:26 p.m.
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Este año fue testigo de la muerte de Mohamed Alí y del cumpleaños 90 de Fidel Castro. No hay mucho que parezca unir a estos dos personajes, salvo el hecho de que hace dos décadas se reunieron en La Habana.

Era marzo de 1996 y el excampeón mundial de boxeo estaba en Cuba a instancias de la Cruz Roja, en un viaje de cinco días, organizado para recoger fondos para la isla. Alí tenía entonces 50 años, pero ya se le notaba golpeado por el Parkinson. Hablaba poco y su expresión facial era rígida. Castro seguía siendo el líder del único régimen comunista vigente en occidente, con 37 años en el poder. Allí estaban, entre otros, Yolanda, la mujer de Alí; Teófilo Stevenson, el tres veces campeón olímpico de peso pesado, de origen cubano, y la fotógrafa Hazel Hankin.

La leyenda construida por las principales crónicas que se publicaron, creó el mito del encuentro de dos titanes. Hankin logró capturar la célebre fotografía de Fidel indicándole a Alí el lugar de la quijada en el cual debía conectar su jab. Tras la muerte del boxeador, en junio de este año, algunas notas dedicadas al campeón revivieron esa reunión como un acontecimiento memorable.

Sin embargo, entre la comitiva que acompañó a Alí, también estaba un periodista de renombre, que se había hecho célebre por sus reportajes y su estilo atrapador. Ya en 1966, Gay Talese había publicado en la revista Esquire el famoso artículo ‘Frank Sinatra está resfriado’, y para muchos se había consagrado como el padre del nuevo periodismo.
Talese recurrió a su herramienta más preciada para dar cuenta de lo que vió.

Con la misma habilidad que lo ha convertido en un ícono de su oficio, describió, con deleite, lo que más bien fue una reunión entre un hombre septuagenario que llegó tarde al encuentro y otro de apariencia corpulenta y manos temblorosas.

La reunión estaba prevista dos días antes, pero el comandandante nunca apareció ni tampoco dio explicaciones. Talese describe con delicadesa cómo, al aparecer por la puerta del salón donde lo esperaban Alí y sus acompañantes, Castro saludó con un “buenas noches”, que fue correspondido por un silencio indescifrable de Alí, quien no logró expresar palabra alguna a lo largo de todo el tiempo en que estuvieron reunidos. Muchas de las preguntas de Castro, sobre el clima en Michigan y la duración de los vuelos, tuvieron que ser respondidas por la mujer de Alí, y algunas otras por Stevenson, todas acerca de cosas menores y de poca importancia.

Al terminar el texto de Talese, pensé en la diferencia de la historia contada por aquellos para quienes se trataba de un encuentro memorable, por la forma como veían a sus protagonistas, y la que narró quien la vivió bajo el filtro del reportero que penetra en la escena, como ocurrió en realidad.

Con frecuencia, describimos las cosas como queremos que sean y no como son. El deseo transforma los hechos. La magia de una fotografia, que inmortaliza una sonrisa, es el reflejo de la ilusión de suponer que esa sonrisa durará para siempre. La ficción supera la realidad porque así queremos que sea, así preferimos que sea.

Jaime Bermúdez
Excanciller
jaimebermu@gmail.com

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