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Territorios escondidos

Queda en vilo cómo será el manejo y la repartición de las tierras que han pertenecido a los grupos al margen de la ley.

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agosto 02 de 2016
2016-08-02 10:10 p.m.
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A propósito de los más de 90.000 activos y bienes que se encuentran en la oficina de la Sociedad de Activos Especiales (extinción y dominio), queda en vilo cómo será el manejo y la repartición de las tierras que han pertenecido a los grupos al margen de la ley, y que en su momento fueron de campesinos, agrónomos o pequeños latifundistas.

Transcurría el año 1229, cuando el proceso de repartición de tierras –luego de la reconquista de Mallorca a los musulmanes por parte del rey Jaime I, el Conquistador– se realizaba de manera inmediata después a la campaña militar, a modo de subasta privada. El mismísimo rey, cabalgó en nombre de Dios, hacia Barcelona, y luego tomo su embarcación hasta las islas para retomar posesión directa sobre esas tierras abundantes que alguna vez le pertenecieron.

El proceso se hacía con una revisión inmediata de quienes habían sido los colaboradores, con auspicios de fondos, caballos y hombres de lucha, para la campaña militar. Estos patrocinadores, entre los cuales se encontraban notarios, nobles, burgueses, señores feudales, obispos, sacerdotes y comerciantes, esperaban incesantes su trofeo de retribución: territorios. A todos ellos, les pertenecía un porcentaje de porción de tierras correspondientes en proporción directa a su ayuda financiera, o en especie.

Generalmente, el notario, fiel representante jurídico del rey, era el que de alguna u otra forma escribía la repartición de los terrenos, y con un ‘medidor’ o ‘controlador’ otorgaban todas las tierras por nombre al benefactor mediante escritura pública.

Las tierras que no se repartían quedaban bajo la potestad de la corona. Luego de la reconquista, Jaime I, asegurándose que todos los sarracenos fueran negociados y expulsados de las tierras, regresó a Barcelona para descansar con su contienda militar y abastecerse para una nueva conquista. Y así poder formalizar toda la repartición de tierras que se había realizado en Mallorca.

Se reuniría de nuevo con aquellos promotores y pediría fondos para preparase para una nueva reconquista en otro lugar. Por consiguiente, y después del paso de la repartición de las tierras, se reunían los barones, nobles e incluso los obispos a determinar las leyes que ordenarían el territorio otorgado y a definir, sobre todo, el uso comercial de los mismos, pues los terrenos debían retornar su inversión inicial. Entre los siglos X y XIII, el sistema de organización territorial medieval en la Europa Occidental se desarrolló de un modo feudista, que enriqueció a muchos y empobreció a otros cuantos. Esta ‘repartición’ territorial era aprobada por los reyes de turno y revisada, en algunos casos, por el Papa a la cabeza de Roma.

Sería interesante entender el proceso por el cual, después de la firma de paz, serán reestablecidos, reentregados, devueltos, reescriturados, o simplemente otorgados los terrenos, aquellos del Guaviare, Caquetá, Magdalena Medio, Meta, Vichada, y todas las tierras colombianas que alguna vez fueron de campesinos y cultivadores, promotores reales de la economía nacional de nuestro país. Territorios que fueron explotados para cultivos ilícitos y que ahora quedaran en manos del Gobierno. ¿En manos de quién quedarán? ¿De aquellos que colaboraron con la firma de la paz, tal cual como en la Edad Media?

Luis Felipe Chávez G.
Historiador
mailto:lfch1978@yahoo.com

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