Otros Columnistas
Análisis

¿Cómo debería ser el salario de los congresistas?

Recientemente, se conoció el aumento al salario de los congresistas, que lo ubica en 27’929.064 pesos.

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
agosto 18 de 2016
2016-08-18 09:36 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

Recientemente, se conoció el aumento al salario de los congresistas, que lo ubica en 27’929.064 pesos. Hubo protestas airadas sobre lo que varios consideran un incremento injusto cuando es comparado con el del salario mínimo, y con la percepción de que los congresistas poco trabajan. Ante estas protestas, se han radicado dos proyectos de ley en contra del ausentismo: uno, castigándolo (que no pasó por falta de quorum), y otro, en el que se propone pagar a los congresistas por sesiones. Estas iniciativas giran en torno a una pregunta: cómo se debería diseñar el salario de los congresistas para que cumplan con su trabajo.

La teoría de contratos es la rama de la economía que estudia el diseño óptimo de los salarios que generen incentivos para que los trabajadores sean productivos. Esta rama se basa en el argumento de que la producción de un trabajador depende de dos variables, que no son observables: el esfuerzo que este hace en sus actividades y qué tan bueno es en dicho trabajo. Dada la percepción del público general sobre el poco esfuerzo que realizan los congresistas en su trabajo, me concentraré en el primer aspecto. Sobre el segundo, me limitaré a decir que los salarios altos y la elección pública temporal de los congresistas hacen que este problema se reduzca, aunque no deje de ser importante.
La primera lección de la teoría de contratos es que el salario debe ser atado a variables observables que estén relacionadas con el esfuerzo. Por ejemplo, si la producción del trabajador es observada y depende positivamente del esfuerzo realizado, entonces su remuneración debería depender positivamente de dicha producción si queremos que se esfuerce. Este principio es opuesto al caso actual, en el que los congresistas reciben un salario fijo mensual con pensiones también muy altas. Este tipo de remuneración incentiva a que, una vez elegidos y con edad de pensionarse, no ejerzan esfuerzo alguno por legislar. El salario de los congresistas debería estar atado a indicadores objetivos que sugieran esfuerzo: disminuir por cada inasistencia que no sea justificada y aumentar por cada proyecto de ley presentado, o cada debate liderado. Claro, siempre y cuando estos últimos sean pertinentes para la sociedad y no propuestas inútiles (como la de prohibir nombres feos). Para evitar lo último, este criterio podría refinarse aún más teniendo en cuenta los proyectos de ley presentados y aprobados, o aquellos que aunque no hayan sido aprobados, sí hayan sido ampliamente discutidos.

Sin embargo, la segunda lección de la teoría de contratos es que el salario no debe depender únicamente de estos indicadores observables. Es probable que un trabajador se esfuerce y los resultados no sean los esperados, ya sea porque estos dependen de otras variables que no sean de su control (piense en agricultores esforzándose en una sequía). De igual forma, la remuneración de los congresistas no solo debe depender de los anteriores indicadores, como se propone actualmente con la asistencia a las sesiones; debería tener también un componente fijo.

Por un lado, puede suceder que un congresista atienda a la sesión y no ejerza ningún esfuerzo (además de soportar la incomodidad de la silla para dormir). Por otro lado, los congresistas no trabajan únicamente durante las sesiones. En los recesos, aquellos congresistas responsables indagan en sus regiones sobre las necesidades de su población y estructuran nuevos proyectos para impulsar durante la legislatura.

Una tercera lección de la teoría de contratos es que el salario de los congresistas debería ser determinado por una autoridad que no pueda ser manipulada por ellos.

Actualmente, es el Presidente quién por decreto determina dicho salario, y su aumento se espera que sea el mismo incremento del salario mínimo. En principio, pareciera una medida suficientemente independiente. Sin embargo, no olvidemos el episodio de tres años atrás cuando el Consejo de Estado declaró inexequible las primas de localización y salud que significaban un tercio de dicho salario. En ese entonces, los congresistas adoptaron un plan tortuga que, traducido al lenguaje utilizado aquí, implicaba un esfuerzo nulo, y las iniciativas no fueron discutidas. El Presidente, que ha sido reticente a tantas otras huelgas, cedió a esta y expidió un decreto que les pagaba a los congresistas un bono por el mismo valor que se había declarado inexequible. Esta manipulación por parte de los congresistas de su propio salario, claramente va en contravía de un diseño óptimo que incentive el esfuerzo.

En resumen, la compensación adecuada para los congresistas debería tener un salario básico que atraiga gente capaz y un componente variable que dependa de indicadores objetivos asociados con su esfuerzo. El salario debería caer por cada inasistencia sin justa causa, y aumentar por cada proyecto de ley presentado o debate liderado útil. Por último, su salario no debería poder ser manipulado por ellos mismos. Si entran en huelga, que no se les pague por el tiempo que dejaron de trabajar, como sucede en otros sectores.

Andrés Zambrano
Profesor asistente, F. de Economía, Universidad de los Andes.

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado