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Construir desde la asociatividad

Sería conveniente diseñar un programa agropecuario que ligado al plan Colombia Siembra logre generar confianza en los actores de la vida rural. 

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julio 10 de 2016
2016-07-10 02:33 p.m.
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Desde los primeros años de escolaridad nos enseñaron primero a sumar y multiplicar, luego a dividir, y siempre ha sido más enriquecedor agregar valor que dividir porque la riqueza individual sumada a otra o a varias se potencia y se expande y permite que el resultado final de la gestión económica sea superior que si se emprende un proceso económico aislado. Son los beneficios de los rendimientos a escala del capital en todas sus manifestaciones.

Es claro que en el país se han realizado distintos intentos para fortalecer el modelo cooperativo como instrumento para potenciar iniciativas productivas, muchas de las cuales han tenido impacto positivo sobre la economía colombiana, particularmente de aquellas de ahorro y crédito. En el caso del sector agropecuario fue evidente este impulso con las cooperativas agrarias en el marco de la reforma agraria integral emprendida por el presidente Carlos Lleras Restrepo, para contar con instrumentos que además de la tierra pudieran apalancar el proceso productivo y comercial.

Hoy nuevamente, se hace necesario profundizar el modelo Asociativo como eje del desarrollo agropecuario y rural como mecanismo idóneo para alcanzar resultados más eficaces en la implementación de la política pública hacia los productores rurales, máxime si se tiene en cuenta el proceso social que inicia el país con el posconflicto, que constituye el reto más grande de Colombia desde su constitución como Estado de Derecho.

Sería conveniente que se diseñe y se ponga en marcha un programa nacional de asociatividad agropecuaria que ligado al plan Colombia Siembra logre generar confianza en los distintos actores de la vida rural, de los comercializadores, y de las empresas agroindustriales, de los exportadores y de los intermediarios financieros sobre la sostenibilidad de cada uno de los instrumentos que se desarrollen para dinamizar la economía rural, de tal forma que la inclusión productiva y social genere transformaciones positivas que impacten la calidad de vida de la población rural, permitiendo así que el campo vuelva a ser opción de asentamiento y se logre así reducir la migración campo-ciudad ante la falta de oportunidades de empleo e ingresos para los jóvenes.

Es clave, entonces, que este programa que se propone tenga, entre otros, los siguientes elementos:

1.Construido desde las regiones.

Es necesario que este modelo Asociativo que se implemente busque reconocer la idiosincrasia particular de la población de cada una de las regiones, al igual que su vocación productiva.

Es necesario identificar los factores que han impedido que los productores vean los beneficios que trae la asociatividad, los cuales son diferenciados a nivel regional. Hay experiencias positivas que sirven de ejemplo para mostrar el crecimiento económico y social que tienen las comunidades que han tomado la decisión de asociarse.

2.Prioridad a mujeres y jóvenes rurales.

Incluir en este proceso a las mujeres y jóvenes rurales tiene un impacto muy positivo en la medida que son los llamados a liderar la transformación de la vida rural y que están en capacidad de construir nuevas alternativas tanto de generación de ingresos como también un nuevo tejido social que sea incluyente. Cuando las mujeres y jóvenes emprenden el cambio son capaces de remover todo obstáculo y crear una nueva realidad.

3.Acceso a capacitación.

Integrar en la capacitación en distintos frentes a cada uno de los participantes en el modelo asociativo de manera permanente y sostenible, para que se puedan alcanzar resultados tangibles en lo económico y social. Aquí es clave la intervención decidida del Sena para que su experiencia trascienda a grupos más específicos y con intereses comunes. Así mismo, que se realicen pasantías a distintas asociaciones donde sea posible percibir en terreno lecciones aprendidas que sean claves para el desarrollo de los objetivos que se quieren alcanzar.

4. Acceso a instrumentos de política.

Para incentivar con éxito nuevos modelos asociativos es necesario que se brinde acceso preferencial a los instrumentos de la política pública como crédito de fomento, incentivos a la inversión rural, asistencia técnica, apoyo en los procesos de mercadeo y comercialización tanto interna como externa, mejoramiento de la infraestructura productiva, apoyo en la gestión de los riesgos productivos y acceso a tecnologías de punta que apoyen el mejoramiento de la competitividad, entre otros instrumentos.

Es conveniente que se muestren las bondades de la asociatividad y que estas se desarrollen sobre la base de alcanzar propósitos comunes, y no buscando asociarse temporalmente solamente para capturar subsidios.

5. Crear confianza en las bondades del modelo asociativo.

Es vital que se impulse estos programas con una ruta a mediano y largo plazo donde se garantice la continuidad del proceso y sea posible obtener resultados tangibles y medibles sobre el mejoramiento de la calidad de vida de la población involucrada.

6. Articulación con los entes territoriales.

La realidad de los procesos regionales conlleva a que todo programa que pretenda ser exitoso deba ser articulado con los entes territoriales y con sus líderes naturales para que sean actores activos del cambio y contribuyan en distintos frentes a generar las sinergias necesarias para que estos programas sean ejes de la transformación rural, porque es más eficiente transferir recursos a un conglomerado que tiene unos claros objetivos en los proyectos a desarrollar que estar respondiendo con instrumentos de política a requerimientos individuales cuyo impacto al final será mucho menor.

En ese orden de ideas, es clave en este momento cuando las condiciones se están dando para emprender una nueva dinámica social y política sin un conflicto armado que podamos construir desde un nuevo modelo de asociatividad rural donde sea posible hacer eficiente la intervención del Estado en los procesos de mejoramiento de la calidad de vida de la población rural, empezando por los jóvenes y mujeres que anhelan tener oportunidades de ver una vida mejor más allá de las armas que destruyen hasta las esperanzas de progresar.

Jesús Antonio Vargas Orozco,
Economista - Asesor Empresarial.

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