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Doctrina económica, paz y desarrollo

Todos los colombianos deben tener claro que existe la posibilidad, dentro de la democracia, que la sociedad decida transformar el modelo económico.

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octubre 04 de 2016
2016-10-02 03:17 p.m.
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Mucho se ha discutido, comentado e investigado sobre las implicaciones económicas de un entorno de paz o de fin de conflicto en nuestro país: argumentos desde la política económica y la economía política (cuya distinción no es objeto del presente artículo y asumo que el lector puede intuir la diferencia) y de algunos temores que emanan de, tal vez, la falta de comprensión sobre los fundamentos doctrinales que, desde la teoría económica, se plantean como base para la construcción de decisiones de bienestar.

Un entorno de diálogo es una oportunidad de minimizar uno de los factores de riesgo de cualquier modelo económico: la incertidumbre. La posibilidad de tener información y datos cada vez más precisos, certeros y confiables es la oportunidad para re-plantear la manera como decidiremos continuar en la búsqueda de la felicidad, del bienestar, en otras palabras, del Desarrollo Económico. En un entorno donde la incertidumbre se reduce, la posibilidad de que los agentes económicos (familias y empresas) tomen decisiones libremente es más clara, permitiendo llegar al equilibrio del mercado a través de la interacción libre y espontánea entre los agentes económicos, una interacción que no es otra cosa que la materialización del concepto Smithiano tan mentado, pero poco comprendido de "La Mano Invisible".

En un mundo globalizado, los agentes económicos interactúan en tiempo real dentro y fuera de una economía. El cambio de entorno para Colombia, no solo representa la trasformación del escenario interno sino que envía un mensaje de incentivos a la comunidad externa. Los agentes económicos foráneos pueden ver atractiva la posibilidad de interactuar dada la minimización de la incertidumbre.

Varios estudios -rigurosos y confiables- ya han demostrado los beneficios para la economía que tienen los procesos de paz y la finalización permanente de conflictos en los países. Por ejemplo, el estudio de Brauer y Tepper Marlin en 2009 señala que las economías fuera de conflictos permiten que los agentes económicos generen un "dividendo de paz" del 13.8% del PIB. También Amartya Senn ya había descrito las bondades de la paz y la libertad para promover el desarrollo de las economías.

El libre acceso a los recursos, el diálogo para la toma de decisiones de uso y usufructo de los recursos naturales, y la producción alineada a planes de largo plazo, sumado a la solidez y estabilidad de las instituciones, son el entorno ideal para trazar y recorrer el camino al bienestar.

Una última, pero importante reflexión tiene que ver con el "fantasma" del modelo de economía planificada, la sombra del socialismo y de la intervención estatal absoluta, que se atisba con la posibilidad del eventual surgimiento de una nueva fuerza política proveniente de las Farc.

Todos los colombianos deben tener claro que existe la posibilidad, dentro de la democracia, que la sociedad decida transformar el modelo económico, pero desde mi punto de vista lo más importante es que el panorama doctrinal esté claro para todos. El escenario está marcado por dos puntos de vista; uno en el cual la sociedad permite que los individuos tomen decisiones libremente en el marco de unos convenios claros. Es ahí donde se propone el libre mercado puro.

En el otro extremo del panorama encontramos una visión de sociedad que no confía en las decisiones individuales y supone la necesidad de un ente planificador central que toma las decisiones. De allí emanan las propuestas comunistas y socialistas y es entre estos dos extremos que se mueven las propuestas de política económica de los países.
Colombia se encuentra en un estado doctrinal ubicado hacia el centro del espectro (es un error hablar de las políticas neoliberales del Gobierno Santos). El Presidente de la República ha sido fiel a su formación en la escuela de Albin Toefler y ha manejado su gobierno con mayor intervención estatal, por eso no es una sorpresa que se insinúen reformas tributarias que aumenten el ingreso del gobierno. La Tercera Vía, como modelo de economía social de mercado, requiere un aparato estatal más robusto y activo y eso significa un estado más costoso.

El análisis desde la doctrina es fundamental, sin embargo aquí puede haber un sesgo sustentado en la creencia de lograr una sociedad donde el Estado es mínimo pero eficiente, donde los individuos pueden tomar decisiones en absoluta libertad bajo acuerdos tácitos que se respetan de manera espontánea, una sociedad "anarcocapitalista" si se quiere. Lo anterior puede ser una utopía, si se analiza desde una sociedad en conflicto, pero pueden haber nuevas posibilidades en una sociedad reconciliada. Como siempre y cerrando con el más recurrente de los clichés… La Paz es una decisión individual cuya trascendencia es universal.

Javier Delgado
Director Departamento de Economía
Universidad Sergio Arboleda.

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