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Don Hernán Echavarría: un legado para el desarrollo

Durante los próximos meses Colombia podría empezar a transitar por uno de los periodos más críticos de su historia.

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agosto 24 de 2016
2016-08-24 11:01 p.m.
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Durante los próximos meses Colombia podría empezar a transitar por uno de los periodos más críticos de su historia, como consecuencia de la firma del acuerdo final para la terminación del conflicto con la guerrilla de las Farc que se ha venido negociando con esa organización armada en La Habana desde hace casi cuatro años, de su refrendación popular, y -dependiendo del resultado- de su implementación.

Cualquiera que sea el escenario en el que desemboque este proceso, el país sentirá como nunca la necesidad de hacer acopio de todos sus recursos (políticos, económicos, sociales y morales), si realmente aspira a hacer de esa transición una oportunidad para proyectarse hacia un futuro distinto, en lugar de repetir, por enésima vez, un pasado que tanto ha lastrado las aspiraciones legítimas de la inmensa mayoría de colombianos.

Contra ese telón de fondo resalta la figura de Hernán Echavarría Olózaga, cuya muerte hace una década cerró no sólo una vida eminente, sino acaso también un capítulo entero de la historia de la economía, la política, la filantropía y las ideas en Colombia.

¿Dónde están hoy, justo cuando el país más necesita de ellas, voces como la suya? En medio del ruido que producen la incertidumbre sobre las verdaderas implicaciones del acuerdo con las Farc, la creciente polarización, el deterioro de las perspectivas macroeconómicas del país, la corrupción endémica, el desprestigio de la política y la desconfianza ciudadana frente a las instituciones, se echa de menos a quien supo combinar, en una síntesis magnífica, las virtudes del pujante hombre de empresa, del ciudadano responsable, del servidor público comprometido, y del innovador y el visionario social.

La conmemoración de los diez años del fallecimiento de don Hernán debería llamar a la reflexión colectiva sobre aquellas preguntas que nunca dejaron de desvelarlo y para las cuales buscó sin descanso, a lo largo de toda su vida, la mejor respuesta posible: ¿cómo potenciar a la empresa como unidad básica de la economía? ¿Cómo estimular la iniciativa individual de la cual dependen tanto la generación de riqueza como el bienestar y el desarrollo? ¿Cómo sacar de su estancamiento histórico al campo colombiano? ¿Cómo hacer del Estado un aliado y no obstáculo -o en el peor de los casos, un verdadero depredador- del progreso? ¿Cómo consolidar en Colombia los valores del imperio de la ley, la libertad económica, y de la democracia efectiva?

Estas preocupaciones tal vez resulten obvias en un empresario. Pero todos los que conocen medianamente la trayectoria pública de Hernán Echavarría Olózaga saben que también la educación, la protección del medioambiente y la salud sexual y reproductiva, entre otros asuntos, merecieron no sólo sus reflexiones, sino su acción decisiva.

Por eso apoyó el establecimiento de varios centros de educación superior; patrocinó la creación de revistas en las que todavía hoy tiene lugar el debate y la formación de la opinión pública; promovió la constitución de fundaciones pioneras en la protección del medioambiente y en la educación sexual y el control de la natalidad; en suma, no se resignó jamás a que la comodidad de sus éxitos alimentara una cierta forma de indiferencia, tristemente extendida hoy en día, frente a los problemas más acuciantes y los desafíos más promisorios del país.

Para honrar ese legado, el Colegio de Estudios Superiores de Administración (Cesa), la Fundación Hernán Echavarría Olózaga y el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga han convocado el próximo primero de septiembre el foro ‘Crecimiento y Equidad: El desarrollo y el verdadero significado de la libertad’, que recibe su nombre de la conferencia magistral que estará a cargo del profesor Angus Deaton, premio nobel de Economía 2015.

Antes que una evocación de la memoria de don Hernán, esta es una ocasión para hacer la reivindicación de la continuada vigencia de su ejemplo y de sus convicciones, no sólo a través de la organización a la que se consagró siguiendo una tradición familiar de varias generaciones, sino por medio de una constelación de iniciativas dedicadas a la promoción de la cultura del emprendimiento, la defensa de la libertad y el perfeccionamiento de las instituciones, y la difusión de las ideas republicanas.

Este es el tipo de inspiración que, precisamente, necesita ahora el país. El tipo de inspiración que, toda su vida, aspiró don Hernán a encarnar, y que, afortunadamente, en algo compensa el hecho de su ausencia.

Instituto de Ciencia Política
Hernán Echavarría Olózaga

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