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Economía de la tercera edad: soluciones al caso colombiano

La realidad es que como país no solo hemos dejado de pensar en lo relativo a envejecer, sino que, además, el limbo en el que se encuentran los adultos mayores a nivel social y económico es el resultado de un problema estructural en términos de inclusión.

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noviembre 02 de 2017
2017-11-02 10:24 p.m.
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El tema de envejecer en Colombia no es un asunto menor. El crecimiento acelerado de una población que, en su mayoría, llegará a los 60 años con pocos o ningún ingreso, es crucial para entender el papel de las entidades financieras del país.

Para el 2015, en el país se estimaba que el 10,8 por ciento de la población (5,2 millones de personas) tenía 60 años o más, con una proyección de crecimiento para el 2050 que podría llegar a una cifra que ronda los 14,1 millones, el 23 por ciento del total de la población.

De acuerdo con los datos del informe Misión Colombia Envejece, realizado por Fedesarrollo y la Fundación Saldarriaga y Concha, durante ese mismo año, la relación entre la tasa de pobreza nacional y la tasa del grupo etario de los mayores de 65 años era superada por esta última 19,51 por ciento y 44 por ciento, respectivamente, más del doble, lo que la convierte en la más alta de toda América Latina.

A grandes rasgos, la realidad es que como país no solo hemos dejado de pensar en lo relativo a envejecer, sino que además el limbo en el que se encuentran los adultos mayores a nivel social y económico, es el resultado de un problema estructural en términos de inclusión. En ese sentido, debemos tener en cuenta que tan solo la mitad está afiliada al sistema general de pensiones y que de esa mitad, solamente el 40 por ciento logra tener suficientes ahorros para acceder a una pensión; y a su vez, ese porcentaje de personas recibe una pensión entre 35 y 45 por ciento menor al ingreso percibido antes de retirarse.

Es por esta razón que el país debe comenzar a hacer una valoración acerca de la seguridad económica de la vejez. Las funciones de ahorro, seguro y redistribución deben ir acompañados de un sistema de contingencias mediadas por una entidad financiera a mediano y largo plazo, que entre otras, reduzca el peligroso margen de la línea de pobreza que hoy alberga más de la mitad de los adultos mayores en Colombia, Latinoamérica y el Caribe; un tema de discusión del informe anual de la cuarta conferencia regional intergubernamental sobre Envejecimiento y Derechos de las Personas Mayores en América Latina y el Caribe de la Cepal, en Paraguay.

Sobresale el hecho de que, según la encuesta Sabe 2015 del Ministerio de Salud, el 63 por ciento de los adultos mayores en Colombia vive en casa propia; una cifra que se vio potenciada con la Ley de Vivienda (creada para mitigar los riesgos de una burbuja inmobiliaria como la sufrida en Estados Unidos en la década pasada), y que aumentó el valor de la vivienda entre 1,5 y 4,5 por ciento, por año.

Sin embargo, el acceso crediticio para esta población sigue siendo limitado, para lo cual propongo una alternativa: la hipoteca inversa; un producto financiero en el cual el adulto mayor vende su casa o parte de ella a una institución financiera, que le paga mensualidades hasta que la persona fallece, al tiempo que este mantiene el goce de su propiedad, y por ello recibe un ingreso seguro adicional, como lo explica el análisis de BBVA Research del 2014.

Suena fácil, pero no lo es. La hipoteca inversa implica remitirse al aspecto psicosocial (muchos hogares son multifamiliares, por lo que es muy probable el hecho de tener que manejar una situación con los habitantes de la casa); lo financiero (cómo maniobrar el riesgo financiero ante la incertidumbre de la expectativa de vida); el mercado de bienes raíces (el riesgo de valorización o caída de precio de la propiedad que la entidad financiera está comprando), y la inversión (conseguir el capital de largo plazo que financie la compra de los hogares en el corto plazo y permita esperar más de 10 años para recibir la inversión más retorno).

Aun así, la verdadera respuesta está en ser acertados a la hora de mitigar los factores de riesgo. Para ello es indispensable una entidad experta en originar crédito de vivienda y supervisar el buen uso del inmueble; una póliza de seguro que tope el riesgo del inversionista financiero que va a poner el dinero para la compra; estructurar un producto financiero que permita que quienes cohabitan en la casa puedan tomar un crédito sobre el valor remanente de la vivienda; un grupo de inversionistas de largo plazo, y una regulación clara, transparente y estable en el tiempo que permita a un inversionista nacional o extranjero, tomar la decisión de asumir este riesgo.

¿Quién se anima?

Eduardo Michelsen Delgado
CEO de Kandeo Fund.

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