Economía mundial 2017: riesgos e incertidumbre, análisis Ricardo Chica | Opinión | Portafolio
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Economía mundial 2017: riesgos e incertidumbre

Si bien se dan signos de recuperación y los dos gigantes (EE. UU. y China) evolucionan relativamente bien, la economía no saldrá de su estancamiento.

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enero 11 de 2017
2017-01-11 06:41 p.m.
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La respuesta a la pregunta de los economistas de si el 2017 será mejor que el 2016, con el conjunto de shocks que alargaron el estancamiento del cual no ha logrado salir la economía mundial, será: muy poco, debido a la prolongación del impacto y de la incertidumbre creada por esos shocks, los cuales se extienden de lo económico a lo político (Trump y Brexit como reflejo de la ola de populismo antiglobalización que ha resultado del marginamiento que esta ha creado).

Trump ofrece una perfecta y patética ilustración del populismo en ascenso: nacionalismo tribal, culto a la personalidad del caudillo mesiánico; la pretensión de que problemas de enorme complejidad se pueden resolver con fórmulas simplistas que, en lo económico, se traduce en una omnipotencia violatoria de las leyes de la economía.

Como Maduro, aborda los problemas con una ignorancia y un nivel de negación de la realidad pasmosos ocultando los trade-offs que tanto preocupan a los economistas entre el efectismo de corto plazo y sus costos de largo plazo. Lo inequitativo y contraproducente para la demanda de una reducción de impuestos a los más ricos y la irresponsabilidad de la explosión de déficit y endeudamiento (inequidad contra futuras generaciones reflejada en su igualmente irresponsable desconocimiento de la necesidad de moderar el calentamiento global) cuestionan su programa de inversión en infraestructura.

Similarmente miope es su proteccionismo con gestos efectistas que omiten todo esfuerzo de reestructuración para el crecimiento de la productividad y el fortalecimiento de la competitividad que pudieran hacer sostenible cualquier esfuerzo de retener producción y empleo.

Que el electorado de Trump caiga en esta miopía que genera réditos políticos sin lograr nada en forma sostenible es entendible dada su sofisticación política, pero ella se extiende a los mercados financieros que reaccionan con la misma ingenuidad a anuncios de reducciones de impuestos y a una política y equipo económico (de billonarios que creen que el calentamiento global y el déficit con China son estafas de los chinos) business friendly.

Pero los problemas de la economía mundial no se limitan al corto plazo y al riesgo Trump, pues sigue afectada por el quiebre de la fase expansiva del primer quinquenio del milenio con la crisis financiera del 2008-9 y el fin de la era de bonanza de commodities y liquidez financiera. Esos riesgos son aún más peligrosos, pues en 2015-16 confluyeron, por una parte, una turbulencia incluyendo: el derrumbe de los precios de commodities (petróleo), alza de las tasas de interés que encareció los recursos financieros y agravo las turbulencias en las tasas de cambio y de interés, y la salida de capitales de economías riesgosas (por déficits corriente y fiscal); deflación y sell-off en los mercados bursátiles por contagio del colapso en el chino.

Y por otra, factores de largo plazo como: el fin del ciclo expansivo acelerado en China, un ciclo de largo plazo de los precios de los commodities, contracciones del comercio y de los flujos de capital, estancamiento de la inversión y la productividad, el impacto laboral de la digitalización/robotización (3ª/4ª Revolución Industrial), y agudización de la inequidad.

Si bien se dan signos de recuperación y los dos gigantes evolucionan relativamente bien (China ajustándose y EE. UU. recuperándose) la economía no logra salir del estancamiento que siguió a la crisis del 2008. Las estimaciones para el 2016 y proyecciones para el 2017 señalan un incremento marginal del crecimiento con diferencias importantes entre India y China vs. Japón y la Union Europea, que continúan postrados (con diferencias en esta, Alemania vs.

Reino Unido, impactado por el Brexit), mientras Estados Unidos y América Latina empiezan a recuperarse (Perú sigue creciendo y Brasil y Argentina rebotan de su contracción). Pero el prospecto no es favorable, pues a las razones estructurales de largo plazo mencionadas se suman los riesgos e incertidumbre acerca de: si China sigue logrando un soft landing en su ajuste de inversión/exportaciones industriales a consumo/servicios, cómo logren los exportadores de commodities seguir manejando el ajuste a los precios deprimidos, y si el bandazo populista en EE. UU. y en la UE introduce perturbaciones en forma de coartar su recuperación.

Particularmente, los emergentes enfrentamos el descenso en China, estancamiento (demanda debilitada) en los desarrollados, precios bajos de commodities y ajuste al deterioro de los términos de intercambio, comercio internacional débil y flujos de capital reducidos.

Mucho depende de que pase en EE. UU., donde probablemente un miniboom oculte inicialmente los costos inevitables en el largo plazo de la irresponsabilidad populista y los de la incertidumbre introducida por los bandazos de un omnipotente narcisista que no reconoce limites institucionales.

Ricardo Chica
Consultor en desarrollo económico

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