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Análisis

El acuerdo Trump - Juncker

En la guerra comercial con Estados Unidos, la diplomacia europea está utilizando la técnica de los yudocas: aprovecharse de la fuerza del más fuerte.

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julio 30 de 2018
2018-07-30 08:10 p.m.
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Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, celebró con un beso al presidente Trump la exoneración de la Unión Europea del posible arancel de 25 por ciento para la importación de vehículos en Estados Unidos, a cambio de sentarse a negociar entre ambas economías, la eliminación de los aranceles y subsidios a las manufacturas. La bolsa alemana también celebró con un aumento del 2 por ciento al día siguiente.

Antes de invadir a Irak, el presidente Bush solicitó a los militares un cálculo del número probable de muertos, operación que le permitió dar la orden de ataque. Recién iniciada la guerra comercial, le preguntaron a Peter Navarro, consejero de la Casa Blanca, si preveía que los países afectados contraatacaran. No, respondió, “porque ellos saben que nos están haciendo trampa y nosotros somos más grandes”. La realidad ha desmentido a Navarro: el contraataque ha herido a los agricultores gringos, a los que Trump les prometió una cura de 12 billones de dólares.

El arte de negociación de Trump es usar primero la fuerza y después la diplomacia; el de los europeos es usar primero la diplomacia y después la fuerza.

Durante sus veinte años como primer ministro de Luxemburgo, Juncker fue protagonista de la construcción de la Unión Europea, que se ha hecho a punta de negociaciones. Es un negociador curtido, y se caracteriza por no tener pelos en la lengua. Es fumador empedernido, tiene 64 años, pero aparenta 74 años. Su marca es que a los hombres los saluda con dos besos en la mejilla y un beso en la frente; a veces con una palmadita en la mejilla. Al entrar a la Oficina Oval le ofreció a Trump, como regalo, una foto que muestra un cementerio lleno de cruces donde yacen muertos de la Segunda Guerra Mundial, con una dedicatoria que dice: “Donald, tenemos una historia común”. Con esa imagen se inició la negociación.

Las consultas del Departamento de Comercio sobre el incremento del arancel para los vehículos no han sido favorables a la administración: la industria ha sido unánime en manifestar que sería un tiro en el pie. En las consultas, la Unión Europea advirtió que respondería con penalizar un comercio por un valor de 294 millones de dólares. Una de las preguntas de una funcionaria del gobierno hacía alusión a que acababa de regresar de Europa y no había visto carros gringos, un argumento que no tiene nada que ver con la seguridad nacional, pero con el cual la administración está justificando el alza.

Los chinos hicieron todo lo posible para convencer a los europeos de sacar un comunicado conjunto haciendo frente común contra Estados Unidos. La respuesta fue el acuerdo Juncker -Trump para reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC), cuyas normas han sido incapaces de disciplinar a los chinos en materia de subsidios, empresas comerciales del Estado y propiedad intelectual. Introducir reformas a la OMC es una tarea de años, que tendrá que contar con la aprobación de la misma China (y de Venezuela).

El compromiso de la UE de comprarle a Estados Unidos gas natural licuado tendrá que esperar hasta que los gringos construyan la infraestructura necesaria. Ahora ellos están nadando en soya como resultado del contraataque de China, Canadá y México. El ofrecimiento de Juncker de comprarles soya fue música para los oídos de Trump. La decisión de los europeos de a quién comprarle soya, es una determinación de los privados no de la Comisión Europea.

Trump presentó las futuras negociaciones con la UE, como un triunfo de su política comercial. Hace año y medio, sin haber leído una línea, decidió retirarse de la negociación del TLC con la UE, porque la consideraba fatal para los intereses de EE. UU. Ahora, los europeos lo volvieron a sentar en la mesa. De llegar a un acuerdo para reducir a cero los aranceles para las manufacturas, China se beneficiaría por la cláusula de la nación más favorecida. De lo contrario, tendrán que ampliar la negociación a los productos agrícolas, y Trump terminará revirtiendo su decisión de hace año y medio.

En la guerra comercial con Estados Unidos, la diplomacia europea está utilizando la técnica de los yudocas: aprovecharse de la fuerza del más fuerte.

Diego Prieto Uribe
Experto en comercio exterior.

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