El campo del posconflicto, Coyuntura Portafolio 4 de abril de 2017 | Opinión | Portafolio
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El campo del posconflicto

El norte para el desarrollo del agro es inmenso y requiere del apoyo de todos los colombianos.

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abril 03 de 2017
2017-04-03 09:03 p.m.
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El mayor reto actual de la sociedad colombiana es consolidar el campo como la fuerza motriz del desarrollo del país, dado el alto potencial con el que cuenta y de los encadenamientos que son posibles para generar riqueza con equidad para una población rural con la que estamos en deuda y la que presenta los más altos niveles de pobreza.

Ahora que se han silenciado los fusiles de la guerra, podemos jalonar la sinfonía de las siembras de paz.

Es clave para lograr ese propósito fortalecer el desarrollo del Programa Colombia Siembra con la interacción fluida con los productores, los gremios de la producción, las mujeres y jóvenes rurales desde las regiones, se tenga en cuenta el potencial de cada una de ellas, donde la apuesta productiva sea participativa, que sea incluyente con la población base de la pirámide, que tengan acompañamiento técnico para la formulación y desarrollo de los proyectos, mejoramiento de la infraestructura de producción, financiamiento adecuado, oportuno y suficiente, que sea posible construir sin los odios y rencores que ha dejado la violencia en sus distintas manifestaciones, y donde el Gobierno Nacional brinde el apalancamiento necesario para llevar a cabo esa transformación rural.

En este sentido, es fundamental profundizar la concertación con los gremios de la producción y las organizaciones campesinas para empezar por lo sencillo, construir una agenda de corto, mediano y largo plazo, haciendo una mirada proactiva y aterrizada de los distintos instrumentos de la política sectorial para potenciarlos y permitir que generen impactos positivos durables.

Es necesario entender que todo no es posible realizarlo al mismo tiempo pero que tampoco la inercia es el camino. buenos ejemplos de estos espacios de concertación fueron tanto los Comités de Desarrollo Rural que lideraba el Fondo DRI, al igual que lo hacía el Plan Nacional de Rehabilitación-PNR, donde la comunidad confiaba en la priorización de las obras y sabía en qué momento se iban a ejecutar.

Uno de los caminos que ayudaría de manera importante en el fortalecimiento de la gestión económica y social en el campo es impulsar y fortalecer la asociatividad de los pequeños y medianos productores para alcanzar economías de escala en un medio rural de alto fraccionamiento de la propiedad rural. Es necesario romper ese círculo vicioso que nada se puede lograr con pequeñas extensiones de tierra y en medio de un egoísmo acendrado que se opone a la empresarización rural.

Es indispensable impulsar asociaciones de productores fuertes, orientadas a lograr mayor competitividad y a facilitar la transferencia de apoyos estatales a los asociados, dado que es más eficiente para el Estado brindar asistencia técnica y acompañamiento productivo a una organización de productores que de manera individual. Es claro que para alcanzar mayores ganancias económicas y sociales es fundamental hacerlo a través de proyectos colectivos.

En cuanto al financiamiento agropecuario y rural debemos continuar profundizando las acciones para lograr que estas lleguen de manera oportuna, adecuada y suficiente a los productores y empresarios del campo para asegurar que los proyectos se lleven a cabo dentro de su ciclo productivo. Así mismo, debemos crear mecanismos para contar con mayores canales de atención que hagan posible la ampliación de la cobertura del crédito de manera sostenible.

Si bien hoy contamos por lo menos con una oficina o un corresponsal bancario en el 99 por ciento de los municipios debemos avanzar con presencia hacia los centros poblados de esas mismas localidades que quedan alejadas de la cabecera municipal y demanda mucho tiempo y esfuerzo de los campesinos desplazarse a dichas oficinas para tramitar un crédito. Debemos aprovechar el avance tecnológico para lograr una mayor inclusión financiera rural de manera sostenible.

También es importante construir una agenda con la institucionalidad que tiene la responsabilidad de promover nuestra producción en los mercados externos para concretar acciones de mejoras de competitividad de la producción agropecuaria y agroindustrial por regiones, acordes con los requerimientos de calidad y cantidad hacia mercados específicos donde sea posible posicionar de manera sostenible la producción colombiana.

Es necesario darle mayor impulso y despliegue al Mapa Regional de Oportunidades-MARO que desde el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, se ha diseñado desde el 2015, el cual constituye un instrumento expedito para identificar los mercados internacionales donde tenemos oportunidades de llegar con productos del sector agropecuario y agroindustrial, como las regiones colombianas que tienen mayor potencialidad de hacerlo competitivamente. Ahora, si unimos a este MARO con la valiosa información con que hoy cuenta la UPRA es mucho lo que podemos avanzar en este campo.

Tenemos el gran reto de convertir al campo en el emporio de bienestar, ejemplo de reconciliación y de transformación rural, aprovechando el gran potencial que tiene en el ámbito nacional e internacional. Si hoy existe voluntad de desminar el campo de todo aquello que destruía vidas inocentes, ahora tenemos muchas más razones para sembrar esperanza de una vida mejor y de cosechar riqueza para un sector donde la pobreza es aún mayor que en el sector urbano.

En conclusión, el norte para el desarrollo del agro es inmenso y requiere del apoyo de los colombianos. Todos debemos aportar nuestra semilla de mostaza para que se consolide la paz. Tenemos la responsabilidad de contribuir a la transformación productiva y social.

Jesús Antonio Vargas Orozco
Economista- Administrador Público

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